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La crisis de la deuda y el referéndum sobre el Pacto Fiscal en Irlanda
por Andy Storey
13 de junio de 2012

La catástrofe de la deuda de Irlanda tiene sus orígenes en un aumento masivo del endeudamiento de los bancos irlandeses durante la primera década del siglo: los 6 principales bancos irlandeses obtuvieron prestamos en el extranjero por valor de 15 mil millones de euros en 2003, pero esta cifra había aumentado hasta los 100 millones de euros en 2007. Los bancos irlandeses, con una enorme exposición a la burbuja inmobiliaria, se encontraron en una posición lamentable. El Gobierno irlandés respondió a la difícil situación de los bancos con medidas excepcionales: el 30 de septiembre de 2008 todos los activos de los depositantes y tenedores de bonos senior (los acreedores de los bancos irlandeses) fueron garantizados por el Estado. El coste hasta la fecha del rescate de los bancos irlandeses es de 68 mil millones de euros… y sigue aumentando. El Banco Central Europeo (BCE) ha sido quién mas ha insistido en la necesidad de estas medidas con el fin de proteger los intereses de las instituciones financieras europeas que prestan a sus homólogos irlandeses. El hecho más importante de la crisis irlandesa, común a toda Europa con la única excepción parcial de Grecia, es que la crisis de la deuda fue causada por las prácticas crediticias de los agentes financieros privados, no por las políticas fiscales y de gasto público de los gobiernos.

¿Cómo ha respondido la UE ante la crisis? Con un Tratado fiscal que busca el control de las políticas fiscales y de gasto público de los gobiernos de los estados miembros, sin adoptar al mismo tiempo ninguna medida significativa para regular mejor el sector financiero privado o para hacerle pagar aunque sea una parte mínima del coste de la crisis. Mi colega en la UCD, Ben Tonra, que a pesar de ser crítico con el tratado llamó a votar «Sí» en el referéndum irlandés, ha escrito sobre la «ira visceral ... ante el hecho de que los ciudadanos irlandeses sigan siendo sacrificados por el BCE en nombre de la estabilidad bancaria de la euro zona», y advirtió “del peligro de que un “Sí” pueda ser interpretado como un acto de resignación de Irlanda con el status quo. Será tarea del gobierno evitar que sea así y presione con rapidez, fuerza y ​​públicamente a favor de una solución de la crisis de la banca y de la deuda soberana”. Ojala sea así, pero la historia demuestra que el Gobierno irlandés ofrecerá este voto a sus amos europeos y esperará a cambio reverencialmente la concesión de «favores» por haber sido unos niños y niñas tan buenos: para solo recibir el desprecio habitual y más abusos a cambio. Como otros han defendido, un «No» podría haber enviado el mensaje de que el pueblo irlandés estaba dispuesto a ser menos cooperativo y más bronco, lo que podría haber aumentado las posibilidades de avanzar hacia una solución justa del problema de la deuda.

De hecho, las tácticas utilizadas por los partidarios del «Sí» en Irlanda de poco ha ayudado a la causa de una solución justa de la deuda. En particular, el argumento utilizado por varios activistas del “Si” (entre ellos el Ministro de Hacienda) de que si el Tratado hubiera estado en vigor en la década del 2000, se hubiera podido evitar la crisis de la deuda. Pero este argumento elude el hecho fundamental antes mencionado: que la crisis no fue causada (en primera instancia) por una política fiscal imprudente, sino por una excesiva deuda privada (posteriormente socializada). La explicación verídica de la crisis –que los ciudadanos irlandeses tienen que hacerse responsables de las deudas de juego de los especuladores - fue sustituido por un cuento inverosímil que pretende que nos hemos comportado de forma irresponsable y ahora tenemos que aceptar la disciplina del Tratado, para que semejante conducta desordenada nunca vuelva a repetirse.

Hay que atribuir también el resultado del referéndum a la idea de que un “Si” era la llave que abriría a Irlanda la puerta al nuevo Mecanismo de Estabilidad Europeo (ESM), es decir, el fondo al que tendría que recurrir en caso de necesitar un segundo préstamo fuera del mercado. (El primer préstamo de estas características, de la UE, el FMI y otras fuentes, se contrajo en 2010 cuando los costes de los prestamos en los mercados comerciales se hicieron inaccesiblemente altos). El argumento de que un «No» de Irlanda cerraría la puerta al ESM fue repetido hasta la saciedad, y muchas personas creyeron que era una opción demasiado arriesgada (aunque el dinero del ESM o de cualquier otra fuente no sería necesario si no arrastrásemos la carga de una deuda ilegítima). Por lo tanto, el triunfo del «Sí» se explica en cierta medida no por un amplio respaldo al contenido mismo del Tratado, sino más bien por una campaña explícita de chantaje contra un posible “No” de los votantes. Como explicó Paul Murphy, euro-diputado del Partido Socialista, el «Sí» "no significa en ningún caso un apoyo al contenido de este Tratado, ni un aval a las políticas de austeridad. La gente, simplemente, tiene miedo”.

Las cosas, sin embargo, no van a mejorar ni a ser menos alarmantes para la mayoría de los irlandeses a corto plazo. De hecho, es probable que empeoren. El titular de una “noticias de última hora” en uno de los periódicos nacionales en la mañana del recuento del referéndum era: «malas noticias otra vez, ahora que se ha terminado la votación», refiriéndose al hecho de que cuestiones como la introducción de nuevos impuestos, cuya discusión cínicamente se aplazó durante la campaña, volverían por sus fueros con redoblados brios. Tenemos austeridad por muchos años, obligados férreamente por las normas del Tratado. Quienes han soportado hasta la fecha el peso de los recortes lo entienden perfectamente: los barrios obreros votaron “No” al Tratado en su mayoría, mientras que el “Sí” se impuso en los distritos de clase media y alta, hasta el punto de que un ministro del gobierno admitió que la votación reflejó una «división de clases».

No hay manera de ocultar que el resultado del referéndum es decepcionante. Sin embargo, el hecho de que el «No» llegase al 40% es, dadas las circunstancias, un resultado muy decente, especialmente porque los tres principales partidos políticos (sólo dos de los cuales están en el gobierno), todos los grandes periódicos, los grupos empresariales y las diversas élites de la sociedad civil, fueron unánimes en su defensa del «Sí». Y es importante tener en cuenta que el factor miedo antes señalado empujó a mucha gente a votar “Sí” a pesar de su oposición a la política actual de austeridad. Tampoco se puede sumar a los abstencionistas a los apoyos al actual régimen. En otras palabras, todo el aparato del sistema en Irlanda apenas logró convencer a un 30% del electorado para que respaldase el Tratado, y un buen número de ellos lo hicieron tapándose la nariz y a punta de pistola. La valentía de los que votaron “No”, junto con el inevitable enojo y sensación de traición que sienten muchos de los que votaron «Sí» o que se abstuvieron, proporciona una base sólida para desarrollar una agenda alternativa seria y movilizar contra la deuda y el programa de austeridad en los próximos años.

Andy Storey es profesor de sociología y economía del desarrollo en la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en el University College de Dublín (UCD).

Fuente: sinpermiso

Traducción para www.sinpermiso.info: Gustavo Buster


Andy Storey