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Crónica de un club frustrado
El Consenso de Cartagena
por Fernando Krakowiak
25 de marzo de 2004

La decisión de plantear una estrategia conjunta para resolver la crisis de la deuda externa tuvo su primer antecedente en Latinoamérica a comienzos de la década del ‘80. México, Brasil y Argentina habían incrementado su endeudamiento de manera espectacular desde mediados de los ‘70 debido al interés de los bancos por ubicar el excedente de liquidez generado por el aumento del precio del petróleo. Los beneficiados con la suba del crudo fueron los países árabes, quienes depositaron sus ganancias en el sistema bancario norteamericano. Luego los bancos prestaron esos recursos a países latinoamericanos sin tomar demasiados recaudos. Cuando la tasa de interés comenzó a subir la deuda se volvió impagable. México fue el primero en encender la alarma al decretar su moratoria en 1982. A partir de entonces, los países comenzaron a evaluar la posibilidad de sentarse a discutir una estrategia común.

Los primeros contactos se produjeron en la Convención de Quito en enero de 1984. Los jefes de Estado de América latina y el Caribe se reunieron para discutir las consecuencias de la crisis económica internacional y el tema de la deuda fue una referencia obligada. Según comentó a Cash un funcionario argentino que participó en la negociación, el objetivo “no era crear un club de deudores sino fijar algunos puntos en común para la negociación y avanzar en el diálogo político”. Por entonces, se comenzó a hablar de corresponsabilidad entre deudores y acreedores y se resaltó la necesidad de entablar un diálogo conjunto para intentar resolver la situación.

Pocos meses después del encuentro de Quito, el canciller Dante Caputo viajó a Brasil para entrevistarse con el dictador Joao Batista de Oliveira Figuereido, un militar que había vivido en Argentina donde se hizo amigo de Jorge Rafael Videla mientras cursaban juntos la Escuela de Guerra. Figuereido recibió con cara de pocos amigos al canciller del gobierno que estaba promoviendo el juicio a las Juntas Militares. La charla sólo se distendió cuando Caputo hizo mención a su pasión por San Lorenzo, club con el que Figuereido simpatizaba desde su paso por Argentina. La deuda externa fue el otro tema en que tuvieron coincidencias. Figuereido estaba indignado por las altas tasas de interés y coincidió en la necesidad de impulsar una reunión para discutir específicamente ese tema. México también aprobó la iniciativa, pero existía tanto temor que nadie quería ser sede del encuentro. Finalmente, el presidente de Colombia, Belisario Betancurt, ofreció ser el anfitrión.

La reunión se realizó los días 21 y 22 de junio de 1984 en la Ciudad de Cartagena de Indias, congregando representantes de 11 países de América latina que concentraban el 80 por ciento de la deuda regional. Participaron Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, México, Perú, República Dominicana, Venezuela y Uruguay. La carta de presión era la amenaza de una moratoria conjunta que podía hacer temblar al sistema financiero internacional. Los diez grandes bancos norteamericanos tenían prestado a los países en desarrollo 2,8 veces su capital. Por lo tanto, una moratoria sólo del 40 por ciento de la deuda hubiera hecho quebrar a esas instituciones. Sin embargo, el documento final de Cartagena se limitó a crear un mecanismo de consulta y seguimiento regional para ayudar a la concreción de encuentros con los acreedores.

Pese al temor, los países desarrollados nunca aceptaron negociar con una representación de los deudores reunidos en Cartagena. El Tesoro norteamericano, el Comité de Bancos encabezado por William Rhodes (Citibank) y el FMI reaccionaron con rapidez y en los meses siguientes lograron neutralizar la amenaza que los países latinoamericanos no se animaron a concretar. México, Brasil y Argentina terminaron negociando con el Fondo de manera individual en distintos momentos bajo la promesa de obtener mayores beneficios. Por lo tanto, no volvió a haber un momento en el cual las tres naciones estuvieran dispuestas a romper lanzas con los acreedores. El frente común se fue diluyendo con el paso de los años y perdió su poder de presión cuando los grandes bancos anunciaron el paso a previsión de los créditos que tenían con los países endeudados.


Publicado en Cash, Página 12, Buenos Aires, 07-03-04.

Fernando Krakowiak