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Serie: El ABC del Capital en el siglo XXI de Thomas Piketty
Thomas Piketty: un impuesto mundial y progresivo sobre el Capital
Parte 5
por CADTM
3 de abril de 2021

A propósito de la propuesta central de Thomas Piketty: un impuesto mundial y progresivo sobre el Capital

Piketty se inclina por «una actualización adecuada del programa socialdemócrata y fiscal liberal del siglo pasado». Según él, hay que defender y mejorar tanto el Estado social como el impuesto progresivo sobre los ingresos. También se debe innovar «instaurando un impuesto mundial y progresivo sobre el capital, acompañado de una profunda transparencia financiera». Esa «medida permitiría evitar una espiral de desigualdad sin fin y regular eficazmente la inquietante dinámica de la concentración mundial de los patrimonios» [1].

Piketty se inclina por «una actualización adecuada del programa socialdemócrata y fiscal liberal del siglo pasado»

Piketty no se hace ilusiones sobre una rápida aplicación de su propuesta: «El impuesto mundial sobre el capital es una utopía: uno no se imagina, a corto plazo, al conjunto de las naciones del mundo ponerse de acuerdo sobre su instauración, establecer un baremo de imposición sobre todas las fortunas del planeta, y después repartir armoniosamente la recaudación entre los países. Pero es una utopía útil…».

«A mi entender», precisa Piketty, «el objetivo debe ser un impuesto anual y progresivo recaudado sobre el capital [2] a escala individual, esto es, sobre el valor neto de los activos que cada uno controla». [3] Propone tres variantes de este impuesto progresivo sobre el capital privado.

Piketty: el objetivo debe ser un impuesto anual y progresivo recaudado sobre el capital.

Primera variante: un tipo de interés de 0 % por debajo de 1 millón de euros; de 1 % entre 1 y 5 millones de euros; de 2 % por encima de los 5 millones de euros.
Segunda variante: sumar hacia arriba, 5 % o 10 % por encima de 1.000 millones de euros.
Tercera variante: sumar hacia abajo, 0,1 % por debajo de 200.000 euros y 0,5 % entre 200.000 y 1 millón de euros.

Este impuesto es complementario al ya existente, pero puede servir para reducir impuestos actuales (o para reducir la deuda, capítulo 15, nota 2, p. 577). Constituiría un complemento relativamente modesto de los ingresos actuales de los Estados. Este impuesto, aunque muy bajo, permitiría a las autoridades conocer el patrimonio de los habitantes de sus territorios.

Para Piketty, el impuesto sobre el capital daría un complemento modesto a los ingresos actuales de los Estados.

Piketty añade: «Actualmente, las organizaciones internacionales que tienen la tarea de regular y supervisar el sistema financiero mundial, comenzando por el Fondo Monetario Internacional, no tienen más que un conocimiento extremadamente aproximado del reparto mundial de los activos financieros y, en particular, de la importancia de los activos guardados en los paraísos fiscales.» [4] Así que «el impuesto sobre el capital sería una especie de catastro financiero del mundo, que actualmente no existe.» [5]

El impuesto sobre el capital sería una especie de catastro financiero mundial, que actualmente no existe.

Por supuesto, es necesario apoyar la propuesta de un impuesto progresivo sobre el patrimonio privado o el capital, retomando la expresión empleada por Piketty. Pero no se puede estar de acuerdo con él cuando pretende que se debe dar prioridad absoluta a ese objetivo. Se necesita un verdadero programa de medidas complementarias. El impuesto progresivo sobre el capital, así como la anulación de la deuda ilegítima y la reducción radical de la parte de la deuda pública que no se haya identificado como ilegítima, deben formar parte de un amplio programa cuya realización permitirá iniciar una transición hacia un modelo poscapitalista y posproductivista. Un programa como ese, que debería tener una dimensión mundial y europea, tendría que comenzar por ponerse en marcha en uno o varios países. Ese programa comprendería, en particular, el abandono de las políticas de austeridad, la reducción generalizada de la jornada laboral, con contratos compensatorios y mantenimiento del salario, la socialización del sector bancario, una reforma fiscal general, medidas para garantizar la igualdad hombre-mujer, y la aplicación de una política determinada de transición ecológica. [6]

Piketty tiene la ilusión de que puede convencer de la necesidad de dar prioridad absoluta a su propuesta, mientras que lo que puede ser realmente eficaz y aglutinante es definir una plataforma común de un máximo de fuerzas favorables a un cambio democrático radical a favor de la justicia social.

Por otra parte, como se afirma en el texto «Anular la deuda o gravar al capital: ¿Por qué elegir?»: «La crítica fundamental que se le puede hacer a Thomas Piketty es que piensa que su solución puede funcionar aunque se mantenga el sistema actual. Propone un impuesto progresivo sobre el capital para redistribuir las riquezas y salvaguardar la democracia, pero no se cuestiona las condiciones en las que estas riquezas se originan ni las consecuencias que resultan de ese proceso. Su respuesta sólo remedia uno de los efectos del funcionamiento del sistema económico actual, sin atacar la verdadera causa del problema. En primer lugar, admitamos que logramos, mediante un combate colectivo, una imposición al capital, sin embargo la recaudación generada por este impuesto corre el riesgo de ser succionada por el reembolso de deudas ilegítimas, si no actuamos para que se anulen. Pero sobre todo no nos puede satisfacer un reparto más equitativo de las riquezas, si éstas son producidas por un sistema depredador que no respeta ni las personas ni los bienes comunes, y acelera la destrucción de los ecosistemas. El capital no es un simple «factor de producción» que «juega un papel útil» y por lo tanto, merece «naturalmente» un rendimiento del 5 %, como dice Piketty, es también, y principalmente, una relación social que se caracteriza por la influencia de los que poseen sobre el destino de las sociedades. El sistema capitalista en tanto que modo de producción está en el origen no sólo de las desigualdades sociales, cada vez más insostenibles, sino también del peligro que corre nuestro ecosistema, del saqueo de los bienes comunes, de las relaciones de dominación y de explotación, de la alienación en los mercados, de la lógica de acumulación que reduce nuestra humanidad a mujeres y hombres incapaces de canalizar sus pulsiones, obsesionados por la posesión de bienes materiales y despreocupados por lo inmaterial, que, sin embargo, es la base de nuestra vida.» [7]

A la vez, una de las características y una de las debilidades de la propuesta de Piketty es que no llama a la movilización social para obtener un cambio de las políticas actuales.

Piketty no hacen llamamiento a la movilización social para lograr un cambio de las políticas actuales.

Ciertamente, Piketty es consciente de que la acción de las clases populares desempeñó un papel importante en las orientaciones tomadas después de la primera guerra mundial, también, denuncia la represión que sufrieron los mineros de Marikana en Sudáfrica, en agosto de 2012. Sin embargo, del centenar de páginas que dedica al final de su libro para presentar sus propuestas y reflexionar sobre las soluciones que se deben aportar a los problemas centrales, ninguna de ellas está dedicada a la acción de los ciudadanos organizados, ni hace ninguna alusión al movimiento de los Indignados, aunque haya mencionado al movimiento Occupy Wall Street en la parte que precede a sus propuestas. A lo sumo, podemos tener la esperanza de que la divulgación de trabajos como los suyos contribuya a una concienciación, que podría inducir los cambios. Es una debilidad importante en la trayectoria de Piketty. ¿Hay que asombrarse entonces de que proponga la creación, en paralelo al Parlamento Europeo, de un «Parlamento presupuestario de la eurozona»? [8] Considera que «ese parlamento podría contar con unos cincuenta miembros de cada uno de los grandes países de la zona, a prorrata de la población. Los miembros podrían provenir de las comisiones de finanzas y de asuntos sociales de los parlamentos nacionales, o elegidos de otra forma.» [9] Más adelante, no ve con malos ojos la propuesta de «la elección por sufragio universal de un presidente de la Unión Europea, propuesta que lógicamente debería ir acompañada de una extensión de sus poderes» [10] . Piketty sigue la vía de reformas que no cuestionan los tratados ni la arquitectura europea, donde el predominio de los intereses del gran capital es inamovible. Pues bien, es indispensable un cambio fundamental, que pasa por la abrogación de los tratados y la apertura de un proceso constituyente, en el que la ciudadanía, unida en la acción, exija sus reivindicaciones.

En conclusión, el trabajo de Thomas Piketty tiene un gran valor por su recolección de datos sobre las desigualdades durante los últimos dos siglos, y ofrece una límpida descripción de su evolución. Su libro constituye un instrumento muy útil y alimenta el debate sobre las alternativas.

Fin de la parte 5

Traducido por Griselda Piñero


Notas :

[1Capítulo 15, p. 574

[2Se debe tener presente que Piketty da una definición del capital privado que engloba los haberes mobiliarios e inmobiliarios del 50 % más modesto.

[3Capítulo 15, p. 576.

[4Capítulo15, p. 578.

[5Capítulo 15, p. 579

[6Véase el texto antes citado de Thomas Coutrot, Patrice Saurin y Éric Toussaint «Anular la deuda o gravar el capital: ¿Por qué elegir?», http://cadtm.org/Anular-la-deuda-o-gravar-al.Véase también: Damien Millet y Eric Toussaint, «Europa: ¿Qué programa de urgencia frente a la crisis ?» publicado el 22 de junio de 2012, http://cadtm.org/Europa-Que-programa-de-urgencia

[8Capítulo 16, p. 626.

[9Capítulo16, nota 1, p.916

[10Capítulo 16, p. 916.16,

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