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El nuevo programa del BCE y la economía zombi europea
por Daniel Albarracín
20 de diciembre de 2016

El BCE interviene con la política monetaria lo que no es capaz de hacerse por la vía de política fiscal, empujado en este caso por la grave crisis bancaria europea. Ahora, su política será ineficaz para animar la inversión y su consecuencia seguirá siendo la continuidad de una transferencia de recursos públicos, en forma de financiación, a la gran banca o a países que no lo necesitan.

Un cuadro macroeconómico con tensiones crecientes.

El proceso de acumulación de la economía europea sigue prácticamente estancado. La salida de la recesión en 2013 no se ha traducido más que un tímido crecimiento en 2015 que ya se ralentiza en 2016 de nuevo. Tras una profunda caída en la producción aún se está lejos de los niveles del comienzo de la crisis. Y el riesgo de caer de nuevo en una nueva recesión, más profunda y compleja, son mucho mayores. La debilidad de la acumulación a escala mundial se muestra más que evidente. China sigue creciendo con fuerza, pero cada vez con menor intensidad (6,7% interanual en el III Trimestre de 2016, siguiendo datos del Banco de España) y los países ricos, tras un 2015 moderadamente benigno, se estacan en la UE en el 1,9%, 1,7% en la zona euro, y un 1,6% en EEUU. España desde el II trimestre de 2015 crece con cierta mayor fuerza, pero el empuje empieza a ceder (3,2%), cerrando un ciclo industrial de recuperación muy corto incapaz de compensar la intensa caída anterior.

El tipo de beneficio efectivo [1], que es la referencia que anima la inversión según Anwar Shaikh, se desplomó desde 2005 a 2012 causando una fuerte crisis. Las políticas de austeridad y de intervención del Estado para salvar al capital han sido muy duras y, aún con eso no han conseguido hacer remontar la tasa de rentabilidad efectiva lo suficiente para salir de la crisis. Más bien al contrario, se han añadido problemas que van a impedir sostener estar recuperación casi ridícula.

Fuente: Elaboración propia a partir del Banco de España. Rentabilidad ordinaria del activo neto- coste financiero de las sociedades no financieras.


La crisis financiera en la Eurozona.

La economía europea está fuertemente afectada por una gran crisis de solvencia del sistema bancario. Los epicentros de dicha crisis situada en Italia y Alemania, con los casos destacados del Deutsche Bank, Monte Paschi (Cutillas, 2016) y Unicredit, van a sacudir los cimientos de la arquitectura económica de la UE concentrada en sostener el sistema financiero privado.
En un contexto de bloqueo en el Consejo Europeo, la política económica de la UE y sus Estados miembros está caracterizada por una política fiscal inerte, que, a lo sumo, va a verse removida por las nuevas exigencias de rearme de Europa, ante la retracción de los EEUU con la OTAN. Con la exoneración de la contabilidad en el déficit público del gasto militar, y una suave relajación de la disciplina fiscal en algunos países, no bastará, en tanto que la economía europea no ha conseguido zafarse, muy al contrario ha intensificado, sus problemas.

A pesar de la medicina de caballo, en materia de austeridad y financiarización, la recuperación ha sido muy débil y gran parte de la economía europea apenas ha podido pasar de la recesión a un semiestancamiento. Bien es cierto que se ha pasado a una fase nueva. En particular porque la austeridad se va a tratar de manera distinta, al optarse por recuperar ingresos públicos mediante impuestos indirectos y ligeramente en los impuestos de sociedades, al mismo tiempo que se sigue procediendo a ajustes en los derechos sociales y servicios públicos. Asimismo, porque el proceso de financiarización ha mutado.

Este proceso de financiarización, atravesó varias fases. Primero, en los años 90 facilitando crédito a escala masiva, endeudando a empresas y familias hasta 2007. Después, aplicando políticas para convertir las deudas empresariales, principalmente del sistema bancario, en deuda pública. Y ahora, tratando de trasladar la enorme deuda acumulada a escala europea en fórmulas de mancomunidad de deuda por la vía de gigantescos instrumentos financieros controlados por los países más fuertes para hacer, si acaso, algo de frente a la presumible cascada de reestructuraciones bancarias que está por venir. Aunque es preciso afirmar que la UE no está preparada ni dotada de los instrumentos apropiados, y esto puede conducir a un caos financiero y efecto dominó, con consecuencias que pueden empujar a cambios internos en la arquitectura y mapa de la Eurozona y de la UE.


Una extravagante política monetaria como respuesta del Banco Central Europeo.

La política ultraexpansiva del BCE sólo es comparable en intensidad a la de Japón, aunque allí ha sido más duradera y fuerte. Japón a día de hoy mantiene tipos de interés negativos (-0,1%). También Reino Unido sigue una tendencia semejante, con un 0,25%. El BCE ha decidido mantenerlo en el 0%, mientras que en EEUU se sitúa en el 0,5% en una tendencia creciente. Esto último conduce a un ligero fortalecimiento comparado del dólar.

La prolongación de la política de compra de activos y flexibilidad cuantitativa es un síntoma de la desesperación de la UE ante una situación de estancamiento que se enquista. Sin duda, la decisión de hacer descansar la mayor parte de la política económica en la política monetaria, tiene como una de sus causas la dificultad de salir de un síndrome de “semiestandeflación”. Aunque hay algunos signos de cambios aún resulta demasiado débil la modificación de las pautas en la política fiscal y de gasto a escala nacional. Pautas que, sin embargo, siguen bloqueadas a escala del Consejo Europeo que sigue aprobando recortes en el presupuesto europeo, manteniendo marcos financieros plurianuales encorsetados en términos de volumen, o inhibiendo cualquier iniciativa de fortalecimiento de la capacidad fiscal en la eurozona. Pero, como venimos señalando, la crisis del sistema bancario es posiblemente el principal factor explicativo de la intervención sistemática del BCE en los términos en que lo hace. El recurso a la política monetaria representa así una huida hacia delante, mientras la Unión Europea recorta su presupuesto europeo o reduce la capacidad de su política fiscal.

Pues bien, el fracaso de Renzi en el pasado referéndum, que contenía detrás una propuesta para centralizar poder y así acometer medidas para la crisis bancaria italiana favorable al establishment puede estar detrás del rumbo que cambia la pauta del BCE, dentro de que persiste en su política de tipos de interés nominales nulos, lo que entraña contar con una inaudita política de tipos reales negativos.

Entre Marzo y Junio de 2016, el programa de compra de activos (CSPP) se centró en la compra de bonos corporativos emitidos por grandes empresas. Esta política ha sido muy controvertida, en tanto que los beneficiarios de esta política de estímulo, para abaratar los costes financieros para las empresas, operada por los bancos centrales alemán, español, italiano, belga, finés y francés, beneficiaban principalmente a sectores empresariales muy concretos y se destinaba a usos dudosamente útiles para la sociedad y la economía europeas, destacándose empresas gasísticas y petroleras, fabricantes de automóviles y sectores del juego, empleándose hasta 46.000 millones de euros para tal cometido. Bonos que reportarán rendimientos negativos y que servirán para cubrir los agujeros de insolvencia de dichas empresas o para causar procesos de acaparamiento especulativo sectorial. Todo ello sin haber promovido nuevas inversiones de carácter significativo, dado el entorno de bajos tipos de beneficio, y solamente si acaso procesos de concentración de la riqueza en menos manos.

Tras el pasado 8 de diciembre la política de compra de activos persiste con gran intensidad, pero en términos ahora distintos [2]. A partir de ese momento la compra de activos se centrará en bonos soberanos, esto es, deuda de los Estados, en proporción a su peso en la economía europea. Mantendrá la compra en 80 millones de euros mensuales hasta marzo de 2017 para luego hacerse a un ritmo de 60 millones de euros hasta una fecha indefinida, justificado en tratar de evitar la deflación [3] y acercarse a un 2% de inflación.

Tal y como advierte el economista Sergi Cutillas, el propósito es amortiguar o retrasar los efectos de la crisis bancaria, mientras se decide qué hacer para rescatar a la banca italiana insolvente, en proceso de negociación de hasta qué punto se hará pagar a los 40.000 pequeños inversores involucrados o en qué medida el sector público europeo habrá de aliviar una pérdida brutal a miles de familias que se volverían contra el gobierno italiano, ya entredicho, con un viraje que podría empujar al Movimiento 5 estrellas al gobierno. De paso, la crisis italiana causaría un fuerte impacto en la banca alemana, también en dificultades, porque es la principal acreedora de la banca italiana. Sea como fuere, merece la pena advertir que el nuevo programa del BCE será insuficiente para insuflar los recursos financieros necesarios a los países periféricos, con un sistema financiero en peores condiciones.

La política monetaria del BCE está siendo completamente ineficaz para promover la inversión, dada las bajas tasas de rentabilidad de le economía. En un contexto así, la política monetaria no puede animar por sí sola la inversión. Cabe decir que no se puede llevar más lejos esta política de tipos de interés nominal cero. En la práctica, la economía está encerrada en tipos de interés reales negativos (tipo de interés menos la inflación), conduciendo a que el exceso de liquidez se destine a tapar agujeros de insolvencia, pero no a nuevas iniciativas de actividad. Esta política del BCE ocasiona una situación de riesgo moral en favor de beneficios particulares, esto es, grandes corporaciones privadas ligadas a las finanzas y el sistema energético e industrial fosilista, especialmente en los países económicamente pudientes.

En definitiva, esta política ha sido y será ineficaz, supone una forma de transferencia de liquidez a la banca privada, mientras hay una ausencia evidente de políticas de inversión o de impulso de cualquier política fiscal progresiva o mejoras para las clases populares, que siguen perdiendo servicios públicos, salarios y garantías democráticas.


Notas :

[1El tipo de beneficio efectivo, que puede aproximarse mediante la diferencia entre la rentabilidad ordinaria del activo neto y el coste financiero del capital. En 2005 estaba en torno al 5% y llegó a niveles negativos en 2012 para remontar ligeramente al llegar al 2,1% en otoño de 2016, en un contexto internacional en el que se va a hacer difícil una subida mayor. Esta ligera recuperación cabe entenderse por varios factores: un retroceso de los salarios y caída de los costes financieros y coste de la energía para las empresas, pero en un marco donde los mercados no se ensanchan mucho y en el que la inversión vuelve a crecer menos (5%), tras un 2014 y 2015 de recuperación que doblaba ese ritmo, precisamente por al proceso de relativo desendeudamiento al que se han dedicado excedentes y ahorros.

[2Declaración del BCE: “el Consejo de Gobierno ha decidido mantener las compras de su programa de compras de activos en su nivel actual de 80 mm de euros mensuales hasta el final de marzo de 2017. A partir de abril de 2017, las compras netas continuarán a un ritmo mensual de 60 mm de euros hasta el final de diciembre de 2017, o hasta una fecha posterior si fuera necesario y, en todo caso, hasta que el Consejo de Gobierno observe un ajuste sostenido de la senda de inflación que sea compatible con su objetivo de inflación. Si antes de entonces las perspectivas fueran menos favorables, o si las condiciones financieras fueran incompatibles con el progreso del ajuste sostenido de la senda de inflación, el Consejo de Gobierno prevé ampliar el volumen y/o la duración de este programa. Las compras netas se llevarán a cabo paralelamente a la reinversión del principal de los valores adquiridos en el marco de este programa que vayan venciendo”.

[3La evolución de los precios en la zona euro llevaba cerca de tres años, desde 2013, en valores negativos, se trata de un fenómeno denominado deflación. Desde Junio pasado la eurozona salió de esos dígitos, siendo del 0,6% interanual el pasado Noviembre, pero lejos de que todos los países de la UE (Italia, Irlanda, Grecia, Polonia o Eslovaquia aún están en valores negativos) hayan salido de la misma y de un nivel razonable del 2%.

Daniel Albarracín

Es economista y sociólogo, miembro del Consejo Asesor de la Revista Viento Sur y de la Comisión de Economía Política de Anticapitalistas, participa en la iniciativa ReCommonsEurope.
Miembro del Truth Committee on Greek Debt. Ha sido asesor en el Parlamento Europeo y profesor universitario (UCM y UC3M)