printer printer Haga clic en el icono verde de la derecha
Colombia: Prólogo del libro «Endeudamiento público territorial, desarrollo regional y sector financiero»
por Eric Toussaint
23 de mayo de 2005

Prólogo del libro «Endeudamiento público territorial, desarrollo regional y sector financiero», editado por la UNEB (www.uneb.org/), capitulo colombiano del CADTM, Colombia.

Este libro presenta un análisis riguroso e implacable del mecanismo de sobreendeudamiento de los entes territoriales que ha desembocado en una situación insostenible a partir de finales de los años 90 y que continúa en la década actual. Los autores nos muestran cómo el sobreendeudamiento es un resultado del modelo económico neoliberal, que favorece la financiarización de la economía. El sobreendeudamiento de los entes territoriales impide a los poderes públicos locales asumir sus
compromisos con sus ciudadanos. En lugar de garantizarles el derecho a la vivienda, al empleo, a la educación, a la salud, etc., los entes territoriales utilizan una parte substancial de sus ingresos al reembolso de la deuda. El pago del servicio de la deuda, lejos de desendeudarlos, transforma el endeudamiento en un mecanismo perpetuo.
Las nuevas deudas contraídas sirven para pagar las anteriores. Este mecanismo, globalmente, asegura la transferencia de riqueza de los asalariados y pequeños productores a los capitalistas, que son los acreedores de los poderes públicos. Éstos hacen pagar a los “pobres”,
mediante los impuestos, para reembolsar a los “ricos”. Llamando a las cosas por su nombre, es una transferencia de los ingresos del Trabajo al Capital.

Mientras que la Constitución de 1991 preveía dotar a los entes territoriales de los medios para satisfacer los derechos económicos, sociales y culturales de los ciudadanos, el círculo infernal del endeudamiento reduce a nada este noble objetivo. Sin olvidar, como señalan claramente los autores, que el Estado ha renunciado a desempeñar su papel en la redistribución de la riqueza entre las regiones, para reducir la desigualdad entre “regiones pobres” y “regiones ricas”. La crisis del sobreendeudamiento contribuye a aumentar las desigualdades
entre pobres y ricos, entre explotados y explotadores, entre regiones favorecidas y regiones desfavorecidas.

Otro efecto directo del modelo: el ahorro presente en el sector bancario, en vez de servir para las inversiones productivas -ya sea bajo la responsabilidad de los poderes públicos o de los actores privados- es desviado sistemáticamente hacia un comportamiento rentista. Los bancos prestan a los poderes públicos el dinero que éstos les reembolsan, cobrándoles unos intereses enormes, usurarios.

Leyendo con avidez este volumen, me sumergí en mi propio pasado. Como empleado de un ente territorial en Bélgica, viví las consecuencias del sobreendeudamiento público. Fue en el curso de los años 80: el drástico aumento de las tasas de interés decidido unilateralmente por la
Reserva Federal de Estados Unidos, a finales de 1979, se había propagado como un reguero de pólvora por todo el planeta. La ciudad de Lieja, que me empleaba como profesor, tuvo que pedir un préstamo, súbitamente, a un
interés del 15 % nominal para pagar préstamos anteriores, que se elevaban a unos mil millones de dólares (éste era el volumen astronómico de una ciudad de 200.000 habitantes que se había endeudado de este modo a causa de la tremenda destrucción causada por la ocupación nazi en el curso de la segunda guerra mundial). A partir de 1983, a fin de honorar la deuda, se impuso a los habitantes y al personal empleado del municipio, una política feroz de recortes presupuestarios. Más de la mitad de los empleos fueron suprimidos en una decena de años y los salarios reducidos en un 15 %, aproximadamente, degradándose la calidad
de los servicios prestados a la población. Los trabajadores y sus sindicatos reaccionaron con energía (con varias huelgas, una de ellas de diez semanas, en 1983). Con los compañeros bomberos, basureros, administrativos, enfermeros, lanzamos la consigna: “La deuda es impagable”. Después de siete años marcados por las luchas, el Estado central acabó haciéndose cargo de la mitad de la deuda de la ciudad de Lieja.

En el curso de los años 80, otras ciudades del planeta se
enfrentaron al mismo tipo de problema, en particular en Estados Unidos, donde varias de ellas se ampararon en el capítulo 9 de la ley sobre quiebras. En Latinoamérica y en África había estallado la crisis, que dio lugar a la Convocatoria de La Habana sobre el tema “La deuda es
impagable
”. En conclusión, el mundo globalizado genera el mismo tipo de crisis y provoca resistencias que, más allá de las especificidades locales, participan de un mismo combate.

Colombia, que como otros países de Latinoamérica sufrió la
crisis de la deuda de los años 80, tuvo el “beneficio” del ingreso masivo y efímero de capitales a principios de los años 90. El modelo neoliberal parecía haber triunfado entre 1991 y 1994, cuando en realidad conducía al país a un callejón sin salida: la financiarización y el sobreendeudamiento público. El mismo tipo de política se aplicó en Brasil, en Argentina, en Venezuela, en México. Por doquier, en el nivel de los llamados países en vías de desarrollo, se asistió a un importante crecimiento de la deuda pública, principalmente bajo la forma de deuda
doméstica. Los datos publicados en abril de 2005 por el Banco Mundial son elocuentes. [1] Si tomamos a los países en desarrollo en conjunto, la deuda pública, externa e interna, que representaba en 1990 el 46 % del PIB, aumentó hasta el 60 % del PIB en el año 2003. De hecho, la deuda
externa pública, en porcentaje del PIB, disminuyó un poco entre 1990 y 2003, del 31 % al 26 % del PIB. En cambio, la deuda pública doméstica literalmente explotó, pasando del 15 % al 34 % del PIB. Escandalosamente, el Banco Mundial considera que esta evolución es positiva y recomienda a los inversores extranjeros invertir en el mercado de la deuda interna, en plena expansión. Recomienda a los
gobiernos de los países endeudados que favorezcan la compra de los bancos locales por los grandes bancos extranjeros, un proceso ya muy avanzado en Latinoamérica. Los grandes bancos españoles han penetrado profundamente en el sistema bancario de América del Sur, y los bancos
estadounidenses dominan el sector bancario mexicano. El Banco Mundial también apoya el proceso de privatización de las pensiones y favorece la utilización del ahorro de los trabajadores (sus futuras pensiones) para comprar títulos de la deuda pública.

Es importante comprender que lo que se aplica como modelo
económico en Colombia es totalmente comparable con lo que se hace en el resto de Latinoamérica y, más allá, en el ámbito planetario. Esto tendría que conducir a una estrategia común de resistencia a escala continental y mundial. Asia es el continente donde la deuda pública interna creció más en los últimos años, particularmente como consecuencia de la crisis del Sureste Asiático de 1997-1998 y de las políticas impuestas por el FMI y el Banco Mundial (como en México en los años 1994-1995). Colombia es el país de América del Sur donde el Banco Mundial interviene desde hace más tiempo (desde 1948), en el marco de la estrategia definida por Washington. Es fundamental presentar un frente común a esta institución. La ruptura con el modelo liberal aplicada en Colombia significaría la ruptura con las políticas predicadas por el Banco Mundial y el FMI. Por lo demás, como señalan los autores de este libro, el sobreendeudamiento en Colombia va a la par de la política de apertura comercial, es decir, del abandono de los mecanismos de protección de los productores locales y la renuncia de los poderes públicos a la defensa y a la promoción de un sector público productivo. Este paradigma, llamado así mismo Consenso de Washington, es aplicado por el trío FMI-BM-OMC. También tiene otro nombre: ALCA.

La puesta en práctica de una alternativa es posible y necesaria. Es perfectamente posible dar la espalda al Consenso de Washington y a la dictadura de los acreedores. Los poderes públicos locales y nacionales deben tener la voluntad de decir: “Señores acreedores del Norte y del Sur, nosotros, los poderes públicos, tenemos una deuda social con nuestros conciudadanos. Ellos son los verdaderos acreedores y su derecho al reembolso primará sobre vuestros mezquinos intereses.

Por Eric Toussaint, Doctor en Ciencias Políticas, presidente del CADTM Bélgica, autor de La Bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos, Clacso, Buenos Aires, 2004.

Lieja, 21 de mayo de 2005.


Notas :

[1World Bank, Global Development Finance 2005, Washington DC, abril de
2005, p. 70

Eric Toussaint

doctor en Ciencias políticas de la Universidad de Lieja y de la Universidad de París VIII, es el portavoz del CADTM internacional y es miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia.
Es autor de diversos libros, entre ellos: Capitulación entre adultos. Grecia 2015: Una alternativa era posible, El Viejo Topo, Barcelona, 2020; Sistema Deuda. Historia de las deudas soberanas y su repudio, Icaria Editorial, Barcelona 2018; Bancocracia Icaria Editorial, Barcelona 2015; Una mirada al retrovisor: el neoliberalismo desde sus orígenes hasta la actualidad, Icaria, 2010; La Deuda o la Vida (escrito junto con Damien Millet) Icaria, Barcelona, 2011; La crisis global, El Viejo Topo, Barcelona, 2010; La bolsa o la vida: las finanzas contra los pueblos, Gakoa, 2002. Ha sido miembro de la Comisión de Auditoria Integral del Crédito (CAIC) del Ecuador en 2007-2011.
Coordinó los trabajos de la Comisión de la Verdad Sobre la Deuda, creada por la presidente del Parlamento griego. Esta comisión funcionó, con el auspicio del Parlamento, entre abril y octubre de 2015. El nuevo presidente del Parlamento griego anunció su disolución el 12 de noviembre de 2015.