Cuando la economía y el capitalismo se tiñen de verde

18 de junio de 2012 por Esther Vivas


Lo verde vende. Desde la revolución verde, pasando por la tecnología verde, el crecimiento verde hasta llegar a los “brotes verdes”, que nos tenían que sacar de la crisis. La última novedad: la economía verde. Una economía que, contrariamente a lo que su nombre indica, no tiene nada de “verde”, más allá de los dólares que esperan ganar con la misma aquellos que la promueven.

Y es que la nueva ofensiva del capitalismo global por privatizar y mercantilizar masivamente los bienes comunes Bienes comunes En economía los bienes comunes se caracterizan por un modo de propiedad colectiva, que se diferencia tanto de la propiedad privada como de la pública. En filosofía hacen referencia a aquello que comparten los miembros de una misma comunidad, ciudad o la propia humanidad, desde un punto de vista jurídico, político o moral. tiene en la economía verde a su máximo exponente. Justamente en un contexto de crisis económica como el actual, una de las estrategias del capital para recuperar la tasa de ganancia consiste en privatizar los ecosistemas y convertir “lo vivo” en mercancía.

La economía verde va a ser, precisamente, el tema central de la agenda de la próxima Cumbre de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible Río+20, a celebrarse del 20 al 22 de junio en Río de Janeiro, veinte años después de la Cumbre de la Tierra de la ONU que en 1992 tuvo lugar en la misma ciudad. Y dos décadas después, ¿donde nos encontramos? ¿Dónde han quedado conceptos como “desarrollo sostenible” -acuñados en dicha cumbre? ¿O la ratificación de la Convención sobre el Cambio Climático, que sentó las bases del Protocolo de Kyoto? ¿O el Convenio sobre la Diversidad Biológica que se lanzó entonces? En papel mojado, ni más ni menos. Hoy estamos mucho peor que antes.

En estos años no sólo no se ha conseguido frenar el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, parar la deforestación... sino que, por el contrario, estos procesos no han hecho sino agudizarse e intensificarse. Asistimos, pues, a una crisis ecológica sin precedentes, que amenaza el futuro de la especie y de la vida en el planeta, y que tiene un papel central en la crisis de civilización que enfrentamos.

Una crisis medioambiental que evidencia la incapacidad del sistema capitalista para sacarnos del “callejón sin salida” a la que su lógica del crecimiento sin límites, del beneficio Beneficio Resultado contable positivo neto fruto de la actividad de una sociedad. El beneficio neto es el beneficio después de impuestos. El beneficio a distribuir es la parte de aquél que puede ser repartido entre los accionistas. a corto plazo, del consumismo compulsivo... nos ha conducido. Y esta incapacidad para dar una “salida” real, la hemos visto claramente tras las fallidas cumbres del clima de Copenhague (2009), Cancún (2010), Durban (2011) o en la cumbre sobre biodiversidad en Nagoya (Japón en 2010), etc., donde se han acabado anteponiendo intereses políticos y económicos particulares a las necesidades colectivas de la gente y al futuro del planeta.

En dichas cumbres se han planteado falsas soluciones al cambio climático, soluciones tecnológicas, desde nucleares, pasando por los agrocombustibles hasta la captura y almacenamiento de CO2 bajo tierra, entre otras. Medidas que intentan esconder las causas estructurales que nos han conducido a la crisis ecológica actual, que buscan hacer negocio con la misma y que no harán sino agudizarla.

Los vínculos estrechos entre aquellos que ostentan el poder político y el económico explican esta falta de voluntad para dar una respuesta efectiva. Las políticas no son neutrales. Una solución real implicaría un cambio radical en el actual modelo de producción, distribución y consumo, enfrentarse a la lógica productivista del capital. Tocar el núcleo duro del sistema capitalista. Y quienes ostentan el poder político y económico no están dispuestos a ello, a acabar con su “gallina de los huevos de oro”.

Ahora veinte años más tarde nos quieren "vender la moto” de la economía verde como salida a la crisis económica y ecológica. Otra gran mentira. La economía verde sólo buscar hacer negocio con la naturaleza y la vida. Se trata de la neocolonización de los recursos naturales, aquellos que aún no están privatizados, y busca transformarlos en mercancías de compra y venta.

Sus promotores son, precisamente, aquellos que nos han conducido a la situación de crisis en la que nos encontramos: grandes empresas transnacionales, con el apoyo activo Activo En general, el término “activo” hace referencia a un bien que posee un valor realizable o que puede generar ingresos. Por el contrario, hablamos de “pasivo”, es decir la parte del balance compuesta por los recursos de los que dispone una empresa (capital propio aportado por los socios, provisiones por riesgos y gastos, así como las deudas). de gobiernos e instituciones internacionales. Aquellas compañías que monopolizan el mercado de la energía (Exxon, BP, Chevron, Shell, Total), de la agroindustria (Unilever, Cargill, DuPont, Monsanto, Procter&Gamble), de las farmacéuticas (Roche, Merck), de la química (Dow, DuPont, BASF) son las principales impulsoras de la economía verde.

Asistimos a un nuevo ataque a los bienes comunes donde quienes salimos perdiendo somos el 99% y nuestro planeta. Y especialmente comunidades indígenas y campesinas del Sur global, cuidadoras de dichos ecosistemas, quienes serán expropiadas y expulsadas de sus territorios en beneficio de las empresas transnacionales que buscan hacer negocio con los mismos.

Con la cumbre de Río+20 se busca crear, lo que podríamos llamar, “una nueva gobernanza medioambiental internacional” que consolide la mercantilización de la naturaleza y que permita un mayor control oligopólico de los recursos naturales. En definitiva, despejar el camino a las empresas transnacionales para apropiarse de los recursos naturales, legitimando unas prácticas de robo y usurpación. La respuesta está en nuestras manos: decir “no” y desenmascarar a un capitalismo y a una economía que se tiñe de verde.

Artículo publicado en Público, 17/06/2012.




Esther Vivas es coautora de ’Planeta indignado. Ocupando el futuro’.

Esther Vivas

Periodista i investigadora en moviments socials i polítiques agrícoles i alimentàries.
És llicenciada en periodisme i màster en sociologia. Les seves principals línies de treball són l’anàlisi dels moviments socials alternatius (antiglobalització, fòrums socials, indignats) i els impactes del model agrícola i alimentari i les alternatives que es plantegen des de la sobirania alimentària i el consum crític.
És autora de diversos llibres sobre aquestes temàtiques, alguns dels quals han estat traduïts al francès, portuguès, italià, croat i alemany.Cambiarlo para comprenderlo. Autora de diversos libros sobre movimientos sociales y políticas agrícolas y alimentarias. Su último trabajo es ‘Planeta indignado. Ocupando el futuro’ (Sequitur 2012), escrito junto a Josep Maria Antentas. En todas partes cuecen habas y aquí más.
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