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Deuda odiosa versus deuda ecológica
por Nicolas Sersiron
8 de octubre de 2010


Si bien ha producido menos del 4% de las emisiones de gases de efecto invernadero, África sufre mucho de los primeros cambios climáticos. Una compensación financiera por parte de los países responsables sería una devolución justa de la deuda ambiental y climática. La injusticia internacional, sin embargo, obliga África a pagar a los países industrializados los reembolsos de la deuda financiera ilegítima desde hace más de 30 años.

En abril de 2003, la guerra contra Irak había terminado, según declaraciones del presidente de EE.UU., George W. Bush. Para evitar tener que pagar las deudas de Saddam Hussein, la Administración de EE.UU. abordó, en una cierta época, la cuestión de la deuda odiosa. Pero fue finalmente en el marco del Club de París, donde los acreedores en forma escondida gestionan las deudas bilaterales, que dicha Administración obtuvo la cancelación del 80% de la deuda bilateral de Irak. Francia y otros países industrializados, bajo fuerte presión de Washington, abandonaron el 80% del dinero que habían prestado a Irak. Más de 30 mil millones de dólares han sido así anulados.

Si los EE.UU. no han adoptado apoyar la tesis de la deuda odiosa es porque saben que Irak no es el único país en este caso, ni mucho menos, ya que la deuda odiosa, reembolsada por los pueblos del Sur a sus ricos acreedores, debería ser declarada nula en virtud del derecho internacional. La mayoría de los países africanos reembolsan una deuda en gran medida ilegítima desde hace más de 30 años.

Pero hay otra deuda, una deuda que no se reembolsa: la deuda ecológica. Acumulada por los países industrializados sobre los aspectos históricos, sociales, ambientales y climáticos, con los llamados «países en desarrollo» (PED), la deuda ecológica nunca ha recibido un principio de reembolso. Mientras que el 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) han sido emitidas por los países industrializados desde hace más de medio siglo, los países en desarrollo ya están experimentando perturbaciones climáticas bajo forma de sequías, cambios en las estaciones de lluvia, a veces torrenciales, a veces escasas. A pesar de tener muy poca responsabilidad en el deterioro de las condiciones climáticas y de que la mayoría de la población vive en zonas rurales y depende de los cultivos agrícolas, los PED no reciben ninguna compensación del Norte. El fracaso de la Cumbre de Copenhague en diciembre del año pasado confirmó el egoísmo de los países ricos frente a una necesidad de justicia mundial. Una compensación financiera a largo plazo y transferencias tecnológicas serían un justo reembolso de la deuda ambiental y climática del Norte.

Aún más justo sería, si se considerara que los países ricos han sido siempre muy estrictos en el reembolso de sus préstamos y en las condiciones asociadas a éstos desde hace décadas. Leyendo “Las Confesiones de un asesino financiero” de John Perkins, uno descubre el mecanismo de sobreendeudamiento/corrupción/dominación, que representa la deuda y que permite el saqueo de materias primas del Sur esenciales para la hegemonía de los países industrializados. De acuerdo con el Derecho Internacional, el principio de la deuda odiosa enunciado en 1927 por Alexander Sack Nahum y confirmado por la jurisprudencia internacional, que establece que el endeudamiento público que no ha beneficiado a la población, contraído sin su acuerdo y cuando el prestamista tenía conocimiento de esto, debe ser declarado nulo y no debe ser reembolsado. Las deudas de los dictadores son los casos más típicos.

La deuda ecológica frente a la Historia

El terremoto de enero en Haití, si hubiese ocurrido en Florida o en Cuba, sin duda habría tenido unos pocos cientos de muertos. Si, la que se le llamaba la perla de las Antillas, no había sido obligada a pagar un rescate durante127 años a Francia, antes de caer bajo la dominación de los Estados Unidos, no estaría hoy día en un tal estado de desastre humano y medioambiental. En 1804, 400.000 esclavos derrotaron las fuerzas expedicionarias de Napoleón después de su liberación. Ellos fundaron la primera república negra. En 1830, el rey Carlos X exigió, con amenazas de una nueva invasión armada, que los colonos fueran indemnizados (por una suma de 21 mil millones de dólares de hoy, lo que equivale al PIB de Francia de 30 millones de habitantes en esta época). Los haitianos se han visto obligados a cortar partes enteras de los bosques para vender la madera, de sobre producir caña de azúcar y café, de sobreexplotar las riquezas de exportación de la isla para poder pagar. Nicolas Sarkozy, que visitó Haití en forma expresa en febrero de 2010, no podía hacer otra cosa que prometer la cancelación de la deuda odiosa con Francia, cuya gran parte había sido contratada por los Duvalier, dictadores de Haití de 1957 a 1986. El último de ellos huyó a Francia, donde goza de días tranquilos. Francia nunca pidió perdón.

En 1500, los españoles cortaban los brazos de los indios Arawac que no traían suficiente oro; en 15 años han desaparecido por completo de la isla de Haití por negarse a someterse al invasor. El ejemplo no es único. Leopoldo II (Bélgica), dueño del Congo en 1900, mandó a cortar los brazos de miles de congoleses que no traían suficiente caucho de la selva. El Zaire de Mobutu acabó en 1997 por la caída de un dictador cuya riqueza se construyó a través de la deuda. Como Zaire debía seguir formando parte del bloque occidental, este último cerró los ojos al robo de dinero y a las violaciones de los derechos humanos de este dictador. La República Democrática del Congo (ex Zaire), uno de los mayores países de África, es también el más rico por sus reservas minerales y tiene el segundo bosque más grande del mundo. Durante 15 años, millones de congoleses han muerto en las guerras civiles organizadas para así poder acceder a menor costo a sus riquezas naturales. En este país naturalmente rico, la población es muy pobre: más del 70% de los congoleses sufren de desnutrición crónica. Inmensas áreas de tierra y bosques están a punto de ser vendidos a los chinos e inversionistas extranjeros para cultivar aceite de palma u otros productos destinados a la exportación, lo que no beneficiará en absoluto los pueblos autóctonos. El gobierno de Kabila, atrapado por un imposible pago de la deuda, está bajo el mando del FMI. Dejó su país en las manos de aquéllos que sólo piensan en obtener beneficios sin preocuparse de los desastres medioambientales ni de las generaciones futuras.

Deuda reembolsada, bosque sacrificado

Los grandes bosques del planeta se están eliminando gradualmente en Indonesia, fuertemente atacados en Amazonía o en fase de apropiación y saqueo por los países industrializados como es el caso en la República Democrática del Congo. Todos sabemos que se trata de los pulmones que permiten que la tierra respire, y científicos acaban de demostrar recientemente que la evaporación es también la fuente de lluvias que hidrata los continentes: «Las selvas húmedas generan la circulación atmosférica que trae las lluvias a todas las tierras continentales a partir de los océanos; una nueva teoría explica por qué la pérdida de los bosques causará desertificaciones catastróficas (...)Víctor Gorshkov y Anastassia Makariev de la División de Física Teórica en el Instituto de Física Nuclear de San Petersburgo, proponen que el funcionamiento termodinámico de los movimientos de masas de aire es de hecho secundario con respecto a un motor mucho más potente que está vinculado a la evaporación y a la condensación del vapor de agua». [1]

Estas tres zonas, en las cuales está la parte más importante de los bosques, han sido sometidas a dictaduras continuas, corruptas y sobreendeudadas por los países ricos. La Indonesia de Suharto fue uno de los países en desarrollo más endeudados y el reembolso de su deuda se hizo con la exportación de aceite de palma cuyas palmeras fueron plantadas en el lugar de la inmensa selva virgen de las islas de Borneo y Sumatra. Gritar socorro frente a esa deforestación - que no tiene vuelta atrás para nuestro futuro - sin cancelar las deudas odiosas de los países donde están, es emblemático de un modelo económico incapaz de incorporar el factor ambiental.

Madagascar, por su parte, ha sido colonizado durante menos de un siglo por la fuerza militar francesa. Sus habitantes fueron reprimidos por la fuerza y la tortura en 1947 después de un intento de emancipación, dejando casi 100.000 muertos cuya mayoría formaba parte de sus intelectuales y ejecutivos. Todas las riquezas de este país, hasta su independencia en 1960, han sido explotadas por Francia, que ha acumulado una deuda histórica, social y medioambiental para el pueblo malgache. Pero Francia nunca lo ha reconocido ni moral ni económicamente. La mayor parte de los bosques vírgenes de Madagascar ha desaparecido, lo poco que queda contiene excepcional biodiversidad, muchas especies viven sólo en la Isla Grande. La erosión hídrica de las tierras es catastrófica y el caos político que reina recuerda el periodo de “Franciafrica” y tiene gusto a petróleo. Desde hace 30 años, hasta el 50% del presupuesto de este país fue para pagar deudas a los acreedores del Norte. Es ilusorio esperar salvar la riqueza natural de Madagascar sin una verdadera anulación de la deuda de este país. Si esta deuda se mantiene, la sobreexplotación de los recursos será necesaria.

Un desafío importante para los países dominados

En los últimos cinco siglos, 30.000 toneladas de plata y oro salieron de las minas de Potosí, Bolivia. Estos recursos han permitido al capitalismo internacional financiar el inicio de la revolución industrial en Europa. Pero fue a costa de las vidas de más de 6 millones de indios y esclavos, obligados a permanecer en la mina seis meses sin volver a la superficie. Este país del indígena aymara, el Presidente Evo Morales, es uno de los más pobres del mundo. Es en Cochabamba donde él realizó la Cumbre de los Pueblos para establecer una alternativa al fracaso de la Cumbre de Copenhague donde no se acordó detener los desastres ambientales ni tampoco actuar para que la temperatura de nuestro planeta no suba más de 2 ° C con respecto al promedio de referencia.

Para no superar los 2 º C, a partir de los cuales no será posible controlar los problemas derivados del cambio climático, no debería emitirse más de 280 mil millones de toneladas de equivalente CO2, según lo calculado por Olivier Ragueneau, oceanógrafo del CNRS (Centro Nacional de Investigación Científica) de Brest (Francia). Si las reservas conocidas de petróleo fueran explotadas y quemadas, esta cantidad de CO2 sería ampliamente superada. El proyecto ITT en el parque natural Yasuní, en la región de la Amazonía de Ecuador, consiste en dejar en el subsuelo las reservas de petróleo. Pero al gobierno le está resultando difícil encontrar los fondos necesarios para el desarrollo de su país sin explotar ese petróleo. Pidió con razón una contribución financiera para permitir que el petróleo quede en el subsuelo, contribución que es imprescindible imponer a sus acreedores, los cuales exigen el pago de una deuda heredada de las dictaduras, aun cuando Ecuador es uno de los pocos países que ha establecido un comité de auditoria de la deuda que condujo al rechazo de una -demasiada- pequeña parte.

No hay más dudas, debemos progresar con urgencia en pedir al Norte de pagar su deuda ecológica, y esto mediante el cobro de aquellos que se han enriquecido a costo de los daños ambientales. Dadas las circunstancias, ya no es posible seguir exigiendo el cobro de la deuda financiera actual, ilegítima y odiosa, basada en la explotación insostenible de los recursos.

El pago de la deuda ecológica con los países en desarrollo -difícil de evaluar con exactitud pero existen estudios en este sentido-, junto con la cancelación de las deudas ilegítimas e ilegales que los países del Norte exigen, permitirían satisfacer las necesidades humanas fundamentales a nivel planetario y a la vez desarrollar un crecimiento respetuoso del medio ambiente. ¿Existen otras alternativas?

Traducido por Michel Carles


Notas :

[1htpp://yonne.lautre.net/slip.php?article4048

Nicolas Sersiron

Président du CADTM France, auteur du livre « Dette et extractivisme »
Après des études de droit et de sciences politiques, il a été agriculteur-éleveur de montagne pendant dix ans. Dans les années 1990, il s’est investi dans l’association Survie aux côtés de François-Xavier Verschave (Françafrique) puis a créé Échanges non marchands avec Madagascar au début des années 2000. Il a écrit pour ’Le Sarkophage, Les Z’indignés, les Amis de la Terre, CQFD.
Il donne régulièrement des conférences sur la dette.