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Introducción al libro del CADTM «Ecuador en la encrucijada. Abolir la deuda para liberar el desarrollo humano»
por Maria Lucia Fattorelli
4 de marzo de 2009


El momento actual, marcado por la crisis internacional que tiene dimensión financiera, pero que se suma a las crisis alimentaria, ambiental, social y económica, exige una discusión más profunda del
proceso de endeudamiento de los países del Sur. El pago de la deuda
representó, en los últimos 40 años, una voluminosa transferencia ne-
ta de recursos a las instituciones financieras internacionales y a los
países del Norte.

En el inicio de la actual crisis financiera, los países del Norte
también están contrayendo elevadas deudas para socorrer a los bancos
privados. Ya en los primeros meses de esta crisis, se transfirió del sector
público al sector financiero privado cerca de 8 billones de dólares, es
decir, el 13% del PIB mundial, con la misma falta de transparencia de
los mecanismos utilizados por la banca privada internacional, que ge-
neraron la crisis, y sin la clara identificación de los responsables.
Las consecuencias de la crisis afectarán a todos los países del
mundo, pero especialmente a los más endeudados, pues la dificultad de
obtener nuevos créditos para hacer frente al servicio de la deuda genera una profundización de la crisis, con graves reflejos en la economía interna de cada país. Además, como en todas las crisis financieras anteriores, la cuenta terminará transferida a los países más pobres o “en desarrollo”, es decir, al llamado Tercer Mundo.

En esta coyuntura, un país aparece en el escenario mundial en
posición diferenciada: Ecuador, que reivindica su poder soberano, que
busca la transparencia y la verdad sobre el proceso de su endeudamiento mediante la realización de una auditoría oficial e integral de su deuda pública interna y externa [1]. Y que basándose en los resultados de esta auditoría, comienza a cuestionar, en primer lugar, su deuda comercial con los bancos privados internacionales, y también algunos tramos de su deuda bilateral.

El ejemplo ecuatoriano debe ser seguido por todos los países endeudados. La realización de una auditoría integral es la actitud soberana de conocer toda la verdad sobre el proceso de endeudamiento y obtener los documentos y pruebas que permiten la toma de decisiones en los ámbitos políticos y jurídicos. La auditoría también constituye sobre todo una actitud de respeto al pueblo que, históricamente, es quien sigue pagando esa deuda pública por medio de una gravosa carga tributaria. Personas que sufren por la carencia de servicios públicos de salud, educación, asistencia, seguridad, por la falta de inversiones que generan empleo, y la ausencia de unas condiciones mínimas de vida digna para gran parte de la población. Haber privilegiado el pago de los intereses y amortizaciones de la deuda pública externa e interna ha significado que se ha sacrificado el presupuesto nacional de todas las demás áreas, y especialmente de las áreas sociales.

Ante esto, el libro ECUADOR EN LA ENCRUCIJADA - Abolir la
deuda para liberar el desarrollo humano
, de Benoît Bouchat, Virginie de
Romanet, Stéphanie Jacquemont, Cécile Lamarque, Hugo Ruiz Díaz
Balbuena y Éric Toussaint, adquiere especial importancia, pues revela
una parte esencial de la historia del endeudamiento ecuatoriano, así como la importancia del significado de la auditoría para el país. Parte de
los estudios presentados en este libro, originados en las investigaciones
realizadas por la CEIDEX [2], son de gran relevancia, porque significaron la preparación del camino para la CAIC, sacando a la luz hechos que ayudaron a establecer los puntos de partida para el trabajo de la auditoría. El presente libro también hace la difusión de los argumentos jurídicos existentes en el derecho internacional, lo que tiene valor sustancial para impulsar y fundamentar actitudes soberanas como la adoptada por el Ecuador.

El trabajo constante del Comité para la Anulación de la Deuda
del Tercer Mundo (CADTM), presente en varios continentes, también
está aquí, y es importante en este libro de divulgación de la experiencia
ecuatoriana. Esta obra también permite difundir la experiencia pionera que desarrollamos en Brasil con la Auditoría Ciudadana de la Deuda de Brasil [3]
. Esta difusión la consideramos muy importante porque puede ayudar a muchos países, que aún no consiguen una auditoría
oficial como la ecuatoriana, a desarrollar iniciativas ciudadanas que
impulsen a las autoridades a realizar este tipo de auditoría.
Justamente por la experiencia adquirida en los trabajos de la
Auditoría Ciudadana de Brasil tuve el honor de formar parte del grupo nombrado por el presidente Rafael Correa para constituir la Comisión de Auditoría de la Deuda del Ecuador (CAIC), una experiencia histórica que significa el primer paso en la dirección de la verdadera independencia de América Latina, hasta hoy sometida al colonialismo del capital.

La experiencia ecuatoriana será extremamente útil para todos
los demás países de la región, ya que las coincidencias entre los procesos históricos de endeudamiento, de transferencia neta de recursos al exterior y de sacrificio social son enormes.
Desde finales de los años 70, los movimientos sociales de todo el
mundo luchan contra la dominación ejercida por el endeudamiento
público, proceso que sin duda representa una nueva forma de colonialismo y saqueo de las riquezas de los países del Sur, lo que pudo ser documentado y probado por la auditoría realizada en el Ecuador.

Entre las coincidencias del proceso de endeudamiento se debe
destacar, por ejemplo, la gran oferta de créditos que hicieron los bancos del Norte, durante los años 70, cuando había un exceso de liquidez
debido al aumento del precio del petróleo. Estos petrodólares fueron
canalizados al endeudamiento agresivo de los países del Sur. Más tarde,
la Reserva Federal, o sea, el Banco Central estadounidense, aumentó de
manera unilateral los tipos de interés anual internacionales, pasando
del 5% en 1976 hasta un 20,5 % en 1981. Esto afectó a todos los países
del Sur y tuvo un fuerte impacto en sus economías, como consecuencia de la grave crisis financiera que se instaló en todo el mundo. Los
países que se dejaron seducir por el endeudamiento aparentemente fácil de los años 70 enfrentaron, a partir del año 1982, duros procesos de renegociación, con la intervención del FMI, el Banco Mundial, el Club
de París y los bancos privados internacionales organizados en los “Comités de Gestión”.

En ese duro proceso, no sólo la deuda externa del gobierno y de
las entidades del sector público, sino también la deuda externa del sector privado fueron asumidas por el Banco Central de Ecuador. Este
mismo proceso se verificó en varios países de la región. No se utilizaron los principios previstos en el derecho internacional explicados en el
presente libro, especialmente la cláusula rebus sic stantibus, aplicable
cuando se cambian completamente las circunstancias que existían en el
momento de la firma de los contratos originales. La deuda se multiplicó varias veces, fruto de nuevos endeudamientos para poder reembolsar préstamos anteriores.

La propia banca privada internacional ya no esperaba cobrar
gran parte de las deudas de los países del Sur, reconociendo pérdidas
contables en sus balances, como menciona el economista Paul Krugman, al referirse al panorama internacional favorable a las negociaciones soberanas de la deuda, a finales de los 80:
Algunos acreedores bancarios (liderados por Citicor, en mayo de 1987) decidieron aumentar de forma acentuada sus previsiones frente a los créditos dudosos. Esas medidas originaron grandes pérdidas contables y la admisión tácita por los bancos de que ellos no esperaban el reembolso integral [4].

Sin embargo, pocos años después, los gobernantes de nuestros
países se sometieron a una transformación de esa misma deuda en títulos negociables, los llamados bonos Brady. Este plan fue tramitado
por bancos privados, con el aval del FMI, como una “salvación” para los
países endeudados, pero que en realidad, significó un atraco más. Se
exigió la compra de garantías colaterales representadas por bonos del
Tesoro norteamericano. Pocos años después, nueva transformación de
esa misma deuda en bonos denominados Global. La auditoría determinó la existencia de graves indicios de ilegalidades e ilegitimidades en dichas transformaciones de la deuda comercial, que contaron con la activa ingerencia del FMI. Apuntemos que los bonos Brady o Global ni siquiera se registraron en la SEC —Security Exchange Commission— aunque se negociaron en la Bolsa de Luxemburgo, emitidos bajo excepciones a la Ley de Valores de Estados Unidos.
Pero en el caso ecuatoriano, el proceso se mostró aún más grave,
puesto que todos los contratos de deuda externa se regían según las leyes de Nueva York y Londres. Durante la auditoría localizamos documentos que demuestran que en 1992, las autoridades económicas de entonces renunciaron unilateralmente a la prescripción de la deuda externa comercial; lo que fue una verdadera infamia para el país y el pueblo ecuatoriano.

La auditoría también documentó que en cada transformación
de deuda, se exigían condiciones cada vez más onerosas, reflejadas por
la exigencia de comisiones de compromiso, de agencia, de conversión,
elevados tipos de interés y por cláusulas abusivas, que obligaron a renunciar a la soberanía, la inmunidad, la jurisdicción e incluso a cualquier otro derecho, llegando a la infamia de incluir la renuncia a la reclamación por falsedad, aunque la misma estuviera presente en el convenio o contrato.
Además, en ninguna renegociación se consideró el valor de la
deuda en el mercado secundario, sino su valor nominal, y, por otra
parte, estas operaciones de refinanciación y canjes de la deuda comercial se llevaban a cabo en el exterior, directamente entre bancos
privados internacionales. El monto de los nuevos préstamos ni si-
quiera llegó al Ecuador.

Es decir, el principio básico de una deuda, que es la entrega de
recursos, ni tan sólo se comprobó. Todo esto pudimos verificarlo con
documentos y otros registros durante los trabajos de la Comisión de
Auditoría Integral de Crédito Público creada por el presidente Rafael
Correa.

La realización de auditorías similares por otros países crearía, a
partir de nuestras regiones, una fuerza que puede cambiar las actuales
condiciones de injusticia y de asimetría que rigen las relaciones financieras. Por otra parte, permitirá la reunión de pruebas y documentos que fundamenten los actos soberanos que rescatan la dignidad de nuestro continente, expoliado desde hace 500 años.
El libro del CADTM es una fuerza más en ese proceso. Buena
lectura.

Comprar el libro

Miembro del Comité para la Abolición de la Deuda del Tercer Mundo en Ecuador: fundeciba_ecuador chez yahoo.es


Maria Lucia Fattorelli es Coordinadora de la Auditoria Ciudadana de la Deuda-Brasil, y miembro de la Comisión para la Auditoría Integral del Crédito Público-Ecuador.

Notas :

[1Mediante el Decreto Ejecutivo No 472, el presidente de la República del Ecuador creó la Comisión para la Auditoría Integral del Crédito Público (CAIC), conforme
texto reproducido en el Anexo 1.

[2CEIDEX: Comisión ecuatoriana que precedió la auditoría, ya que se constituyó en el Ecuador en 2006 para investigar el proceso de endeudamiento público.

[3Auditoría Ciudadana de La Deuda es un movimiento social brasileño que desde 2001 realiza investigaciones, estudios, búsqueda de documentos y análisis a partir de la sociedad civil; exige la realización de la auditoria oficial prevista en la Constitución Federal Brasileña, moviliza la sociedad civil y los parlamentarios; produce publicaciones didácticas tendientes a vulgarizar el conocimiento del tema del endeudamiento público y difunde la realización de la auditoría como herramienta de investigación y como medio para la articulación internacional de países endeudados (www.divida-auditoriacidada.org.br)

[4Economista americano Paul Krugman, premio Nobel de Economía 2008, citado por Batista Jr, Paulo Nogueira (2001) A Economia como ela é. Boitempo Editorial, p. 356.

Maria Lucia Fattorelli

Coordinadora nacional de la organización “Auditoría de la Deuda Ciudadana” en Brasil (www.auditoriacidada.org.br), invitada por la presidenta del Parlamento griego, Zoe Konstantopoulou, a colaborar con la Comisión para la Verdad sobre la Deuda Griega creada el 4 de abril de 2015.