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Argentina
Informe sobre un acampe: Una postal de la fractura social que recorre el país
por Eduardo Lucita
4 de abril de 2022

Desde el mediodía del 30 de marzo hasta el de 2 de abril miles y miles de trabajadores y trabajadoras, la mayoría excluidos de la producción y del consumo, ocuparon 11 cuadras de la principal arteria de la Ciudad de Buenos Aires, considerada la avenida más ancha del mundo, reclamando asistencia social por parte del Estado argentino.

Convocadas por más de 30 organizaciones, organizadas en la Unidad Piquetera, masas de trabajadores desocupados, informales, precarizados y familias enteras empobrecidas y sin futuro a la vista, a los que se les sumaron sectores golpeados por la crisis, fueron llegando desde distintos puntos del conurbano bonaerense a la zona de confluencia. Portaban estandartes de sus respectivos agrupamientos, carpas para instalarse junto con diversos enseres para preparar las comidas diarias. Previamente debieron superar el bloqueo que intentaron imponer las fuerzas policiales.

La base material de este conflicto, que no es nuevo, como tampoco es la primera movilización ni el primer acampe, es el deterioro de la situación económica que se expresa en una inflación que ya ha cerrado dos años consecutivos por arriba del 50% anual y que amenaza este año con superar esos porcentajes.

De acuerdo al reciente informe del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INDEC) al 31.12.2021 la pobreza en el país trepaba al 37.2% de la población, alcanzando a unos 17.2 millones de personas, de ellos 3.7 millones son indigentes (personas que tienen ingresos por debajo de la Canasta Básica Alimentaria). Mientras que la desocupación es del 7%. Sin embargo en el primer trimestre de este año el alza de los precios ya acumuló un 15%, principalmente, en alimentos y energía, resultado del impacto en el precio de las materias primas y los productos energéticos de la guerra de Ucrania, por lo que esos porcentuales ya están aumentando. Distintos trabajos de investigación muestran que la carestía de la vida ya está afectando al 78% de la población.

Debe agregarse que los índices de pobreza están calculados por ingresos, no se tienen en cuenta las condiciones habitacionales, ni el acceso a servicios elementales como agua potable, sanitarios, salud, educación, comunicaciones.

Así el pliego de reivindicaciones presentado a las autoridades incluyó incrementar el cupo de los Planes Potenciar Trabajo (principal programa asistencialista del gobierno) que hoy alcanza a 1.200.000 personas, cuando las inscriptas en el registro de la Economía Popular superan los tres millones. Aumentar el valor de la retribución de esos planes (un ingreso que hoy es la mitad de un salario mínimo); mejorar la cantidad y calidad de los bolsones de comida que se entregan a los Comedor Populares que atienden las organizaciones (no alcanzan para dar de comer a la población más carenciada) y Trabajo Digno (es decir registrado).

Luego de una primera reunión con el Ministro de Desarrollo Social en que no tuvieron respuestas a la altura de sus reclamos, los dirigentes de las organizaciones piqueteras esperaron 48hs sin que se los llamara a nuevas reuniones, por lo que se decidió el acampe.

El despliegue de carpas a lo largo de las 11 cuadras, la formación de los relevos ante el cansancio y las bajas temperaturas (tal vez un adelanto de un invierno que se anuncia como muy frío) una mesa de debate sobre el acuerdo con el FMI y su impacto limitante en las reivindicacioens del acampe (en la que me tocó participar), así como el festival de la segunda noche y una muestra ferial en la que se exponían y ofrecían trabajos de jardinería, herrería, carpintería entre otros, constituyeron de conjunto una muestra acabada del nivel de coordinación y organización alcanzado.

Fueron 48hs. de movilización y acampe, que se replicó en diversos puntos del territorio nacional. Los organizadores informaron que esta medida extraordinaria, por su extensión nacional (se replicó en 15 provincias y 122 ciudades; por su masividad (en esta capital los medios estimaron en 70.000 personas) y por su carácter autogestionado, no tenía antecedentes en el país.

Al final del acampe, y antes de una retirada tan ordenada como el ingreso, y ante la negativa al diálogo por parte de funcionarios gubernamentales los dirigentes anunciaron que promoverán asambleas en todos los barrios para definir las características de la continuidad del plan de lucha.

Los puntos del acuerdo con el FMI. Reducción del gasto público, cuyo principal componente es el gasto social; la suba de las tasas de interés y un mayor ritmo de devaluación del peso y una sensible rebaja en la emisión monetaria, anuncian que la inflación en el mejor de los casos repetirá el 50% del año pasado y que el crecimiento de la economía será muy pobre, con lo que dificílmente se recuperen los salarios y el empleo.

Lejos de achicarse la fractura social se mantendrá y el conflicto social tenderá a expandirse.


Eduardo Lucita

Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).