En dos siglos, las economías de América Latina han sido golpeadas por cuatro crisis de la deuda.
La primera se declaró en 1826 y se prolongó hasta la mitad del siglo XIX. La segunda comenzó en 1876 y terminó en los primeros años del siglo XX. La tercera comenzó en 1931 y se terminó a fines de los 40. La cuarta estallo en 1982 y sigue en curso (aún cuando la forma ha evolucionado). Los orígenes de estas crisis y los momentos en los cuales han estallado están íntimamente ligados al ritmo de la economía mundial y principalmente a la de los países industrializados. Las fases preparatorias al estallido de las crisis, durante las cuales la deuda ha aumentando fuertemente, corresponden en cada caso al final de un largo ciclo expansivo de los países más industrializados. La crisis es generalmente provocada por una recesión o por un krach que golpea a las principales economías industrializadas.
La primera crisis de 1826 fue provocada por el krach financiero de la bolsa de Londres en diciembre de 1825. La segunda crisis estalló en 1873 como consecuencia de un krach de la bolsa de Viena seguida de otro en la bolsa de New York. La tercera crisis de 1931 se sitúa en la onda de choque de la crisis de Wall Street de 1929. La cuarta crisis de 1982 fue provocada por el efecto combinado de la segunda recesión económica mundial (1980 – 1982) después de la guerra y la alza de las tasas de interés decidida por la Reserva Federal de los Estados Unidos en 1979. Estas cuatro crisis han durado entre quince y treinta años. Han involucrado al conjunto de Estados independientes de América Latina y del Caribe casi sin excepción.
En el transcurso de la presente contribución, me voy a limitar al estudio de las dos grandes crisis que estallaron en el siglo XX.
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