La desigualdad está destruyendo el mundo

6 de diciembre de 2021 por Francisco Louça


Aproximadamente un año antes de morir, el físico Stephen Hawking se preguntó en un periódico británico cuál es el efecto de la desigualdad, en una situación en la que “la vida de las personas más ricas en las partes más prósperas del mundo se vuelve angustiosamente visible para todos, incluidos los pobres, que tienen acceso a un teléfono. Y dado que ya hay más personas con teléfono que con acceso a agua potable en África subsahariana, esto significa que en poco tiempo casi nadie en nuestro planeta superpoblado escapará a la percepción de desigualdad” (The Guardian, 12/01/2016). Este dramático hallazgo tiene numerosas implicaciones. La principal es que la desigualdad, resaltada por la fluidez de la comunicación, añade angustia al castigo, especialmente donde la gente más sufre, como en el continente donde hay más personas con teléfonos móviles que con acceso al agua. La desigualdad es una agonía que está destruyendo nuestro mundo y su visibilidad refuerza la exigencia de justicia.

Desigualdad

Thomas Piketty, el economista francés que ha continuado brillantemente una vieja tradición de estudios de desigualdad, ha hecho pública una base de datos sobre muchos países que nos habla de nuestro tiempo. Uno de los datos más impresionantes es el cambio creado por lo que entonces se llamaba con franqueza globalización Globalización (ver también Mundialización)

Origen y sentido de este término anglosajón: en inglés, la palabra «global» se refiere tanto a fenómenos que interesan a la (o las) sociedad(es) humana(s) a nivel del globo como tal (es el caso de la expresión «global warming» que designa el efecto invernadero), como a procesos que poseen la característica de ser «globales» únicamente en la perspectiva estratégica de un «agente económico» o de un «actor social» preciso. En lo que estamos viendo, el término «globalización» nació en las bussiness schools norteamericanas y reviste el segundo sentido. Se refiere a los parámetros pertinentes de la acción estratégica del gran grupo industrial. Lo mismo sucede en la esfera financiera. A la capacidad estratégica del gran grupo de adoptar una aproximación y una conducta «globales». En un debate público, el patrón de uno de los mayores grupos europeos explicó, en sustancia, que la «globalización» representa «la libertad para su grupo de implantarse donde quiera, cuando quiera, para producir lo que quiera, aprovisionándose y vendiendo donde quiera, y en donde tenga que soportar las menores obligaciones posibles en materia de derechos laborales y convenciones sociales» (extraido de Chesnais, 1997[a]).
. El éxito social de este neoliberalismo se puede medir en los Estados Unidos: en 1980, la proporción del ingreso nacional que estaba en manos del 1% más rico era aproximadamente la mitad que la del 50% más pobre. Una gran diferencia, en promedio, ya una persona rica recibía en un día lo que la mitad menos acomodada de la población ganaba en un mes. Cuarenta años después, la proporción se ha revertido y el 1% superior casi duplica al 50% inferior. Ha sido un huracán de cambio social.

Un estudio reciente de la Reserva Federal FED
Reserva Federal
Oficialmente Federal Reserve System, habitualmente abreviada en Federal Reserve o Fed, es el banco central de Estados Unidos. Fue creada el 23 de diciembre de 1913 mediante el Federal Reserve Act, también llamado Owen-Glass Act, tras varias crisis bancarias y el pánico bancario de 1907.
de Chicago realiza el siguiente ejercicio: pregunta si los padres de un niño ganaban el doble que su vecino de al lado en los EE.UU, ¿Qué diferencia habrá entre los ingresos de adulto de ese niño y los del vecino? La respuesta es, en promedio, más del 60%. El que va por delante se queda por delante, olvídate de la movilidad social. En Brasil, la diferencia es del 70%, en Francia del 41%, en Alemania del 32%, pero en Dinamarca solo del 15%. Peor aún en China: el coeficiente de Gini, dato oficial, es de 0,47 (la media de la OCDE Organización de Cooperacion y Desarrollo Economicos
OCDE
Creada en 1.960 y con sede en el Château de la Muette en París, la OCDE agrupaba en el 2.002 los quince miembros de la Unión Europea más Suiza, Noruega, Islandia; en América del Norte, Estados Unidos y Canadá; en Asia-Pacífico, Japón, Australia y Nueva Zelanda. Entre 1.994 y 1.996, ingresaron tres países del Tercer Mundo: Turquía, candidata a entrar también a la Unión Europea; México, que con sus dos vecinos del Norte forma el ALCNA o NAFTA; Corea del Sur. Desde 1995 se han sumado tres países del ex bloque soviético: la República Checa, Polonia y Hungría. En el año 2.000, la República Eslovaca constituyó el miembro número treinta.
Lista de los países miembros de la OCDE por orden alfabético: Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Corea del Sur, Dinamarca, España, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Japón, Luxemburgo, México, Noruega, Nueva Zelanda, Países Bajos, Polonia, Portugal, República Checa, República Eslovaca, Reino Unido, Suecia, Suiza, Turquía.
Sitio web :
, como la portuguesa, es de 0,35). La desigualdad tiene una genealogía pero diferentes historias.

El coste social de la contaminación  

La Cumbre de Glasgow, en su flagrante fracaso, tuvo la virtud de producir información actualizada sobre los riesgos de contaminación. Aprendimos que, con la política actual, el aumento de la temperatura del planeta llegará a los 2,9º C y que, incluso con las metas proclamadas pero no obligatorias, se elevará en 2,4º C, fallando el objetivo que no se puede perder. Aquí también hay una historia de desigualdad: el 1% más rico genera 70 toneladas de emisiones contaminantes per cápita, en promedio, mientras que el 50% más pobre produce una tonelada per cápita. La emisión producida por los más ricos es treinta veces el umbral que restringiría el aumento medio de temperatura a 1,5º C. Una vez más, aquí está la ecuación de Hawking: la desigualdad es angustiosamente visible y empeora.

Hay una consecuencia de esta fractura social y sus implicaciones, como estas formas de vida que promueven la contaminación. Es una ingobernabilidad que surge de los obstáculos sistémicos a las soluciones razonables y bloquea la política de transición energética y ambiental, perdida en el laberinto de los intereses financieros dominantes. Esta tendencia solo se agravará en las guerras por el agua y la energía, o en formas de apartheid social, que defienden la desigualdad como una condición inexpugnable y agonizante.

Fuente: Sin Permiso




Francisco Louça

économiste, est membre de la direction et ancien porte-parole du Bloc de gauche qui dispose de 19 députés au parlement portugais depuis les élections d’octobre 2015. Francisco Louçã est militant de la IVe Internationale.

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