España

Jornaleras de Huelva: “Las mismas empresas que no respetan los derechos de los temporeros migrantes se niegan a contratar a españoles”

7 de agosto por Fátima Martín


“Las mismas empresas que no respetan los derechos de los temporeros migrantes se niegan a contratar a españoles”, asegura a FemeninoRural Ana Pinto, portavoz de Jornaleras de Huelva en Lucha. Este colectivo de trabajadoras esenciales de la fresa onubense que se baten el cobre mano a mano con sus compañeras marroquíes contratadas en origen, apoya la campaña #RegularizaciónYa a los sinpapeles, quienes se han dejado la piel trabajando de sol a sol en el campo durante la pandemia.

Pinto explica que la poderosa industria de los frutos rojos presente en Huelva “no quiere españoles. Dice que no queremos trabajar en el campo. Pero si pagas 25 euros y te ahorras dar de alta en la Seguridad Social, viva la Pepa”. Por eso, insiste en que “mientras haya personas sin papeles siempre nos van a explotar”.

“El campo pide precios dignos. Eso incluye unas condiciones laborales dignas”

Así que, frente a los discursos del odio que apuntan cruel y erróneamente hacia quienes vienen de fuera y se encuentran en una situación de aún mayor vulnerabilidad, estas Jornaleras de Huelva en Lucha defienden que “si estuviéramos todos en las mismas condiciones, repercutiría en la mejora de los derechos humanos y laborales de todos los trabajadores”. Y añaden: “El campo pide precios dignos. Eso incluye unas condiciones laborales dignas”.

De hecho, la situación inhumana en la que las empresas de los frutos rojos onubenses -con el consentimiento de Administraciones Públicas locales, regionales, nacionales y europeas- mantienen a sus trabajadores, algo denunciado ya reiteradamente por la ONU, afecta tanto a locales como a extranjeros. “Aquí vamos a tener que ser emigrantes nosotros. Aquí en el campo cada vez quieren menos mano de obra autóctona. Hay trabajo para 3 ó 4 meses y el resto del año ¿qué hacemos?. No hay alternativas. Las ETTs (empresas de trabajo temporal) nos han precarizado la aceituna y la naranja. No tenemos trabajo ya”, expone Pinto.

“El contrato en origen deja mucho que desear. Buscan a las más precarias y con más necesidades”

Preguntadas por el contrato en origen al que recurren las empresas freseras que operan en Huelva, las jornaleras valoran: “El contrato en origen deja mucho que desear. Buscan a las más precarias y con más necesidades: Entre 18 y 45 años, con hijos, divorciadas o viudas, para que puedan explotarlas al máximo y que luego no se queden. Ellas no lo denuncian, no porque sean analfabetas, sino porque tienen que darle de comer a sus hijos”.

Al término de la campaña de este año, marcada por la pandemia de Covid-19, más de 7.000 recolectoras marroquíes se quedaron varadas en Huelva. Su situación se desbloqueó, según Ana Pinto, gracias a la lucha de las propias afectadas: “El problema se consiguió resolver gracias a ellas. Han sido valientes, han protestado. Se han echado palante y lo han denunciado a cara descubierta. Doscientas temporeras se plantaron a la puerta de una de las empresas y finalmente lo consiguieron. Ahora todo el mundo quiere ponerse la medallita de su regreso”.

Y es que la contratación en origen, trufada de irregularidades según ha denunciado prensa local independiente de investigación como La Mar de Onuba, muestra cómo las empresas de los frutos rojos, ya sean de capital español o extranjero, se lucran al disponer de un ejército de mano de obra sin papeles en condiciones infrahumanas y de otro ejército de jornaleros autóctonos precarizados y debilitados, provocando un sinfín de problemas laborales, económicos y sociales en las zonas donde operan. Muchas son las empresas freseras, españolas o extranjeras, que no solo exprimen la tierra onubense, sino que también explotan los campos de Portugal, Marruecos o Kenia.

Frente al coronavirus, “ha habido medidas en muy pocos sitios y después de denunciar”

El virus de Covid-19, para el que no existen las fronteras, ha campado a sus anchas en la agroindustria de todo el mundo. También entre las freseras. De hecho, en junio, Marruecos sufrió un brote en dos empresas hortofrutícolas españolas, en este caso de Sevilla y Navarra. Volviendo a Huelva, las temporeras en lucha aseguran que, frente al coronavirus, “la seguridad ha brillado por su ausencia y las inspecciones de trabajo ni siguiera se han realizado presencialmente en el tajo. Las han hecho de manera telemática. Ha habido medidas en muy pocos sitios y después de que empezáramos a denunciar”.

Según la prensa local onubense, a principios de junio, aún vigente el estado de alarma, una temporera de la fresa murió en el tajo. “Por causas naturales”, según la versión oficial. En esta campaña afectada por la pandemia, por falta de mano de obra, las jornaleras han estado más explotadas que nunca. “Si ha estado trabajando 12 horas sin descansar ni un día a la semana, es normal que se le haya roto el cuerpo”. Las jornaleras saben bien de lo que hablan.

Ahora que la temporada en Huelva ha finalizado, los campos de temporeros migrantes arden en Lepe y Lucena del Puerto, dejando a sus trabajadores esenciales en la calle sin solución habitacional, sin su documentación y sin las pocas pertenencias que se podían resguardar en las chabolas. Algo que incluso ha provocado la reacción de la ONU. Ya son varias las advertencias que las Naciones Unidas han lanzado tras conocer in situ la situación de los trabajadores migrantes estacionales en Huelva. Entre las últimas, que “España mantuvo a trabajadores migrantes completamente desprotegidos durante la pandemia”. Tras los incendios, ha alertado que sus vidas están en peligro y ha urgido una vez más a las autoridades a tomar medidas inmediatas para resolver “un problema humanitario desatendido”.

Las Jornaleras de Huelva en Lucha agradecen estas denuncias por parte de la ONU, pero consideran que “es algo que se debería haber hecho hace mucho tiempo. Aquí, por mucho que denuncien, todo sigue igual. Las chabolas han seguido estando sin luz y sin agua. Hay poca mejora. Esperamos medidas. Parece surrealista que esté ocurriendo esto en un país supuestamente desarrollado. La fresa es el principal motor de la economía de la provincia a costa de la vida de estas personas totalmente indigna y de miseria. Es bastante denigrante. Bastante grave”.




Fuente: Femenino rural

Fátima Martín

es periodista, miembro del CADTM y de la PACD del Estado español. Es coautora, junto con Jérôme Duval, del libro Construcción europea al servicio de los mercados financieros, Icaria editorial 2016. Actualmente está desarrollando el periódico ’online’ FemeninoRural.com.

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