Con una deuda pública que este año alcanzará el 150% de su producción total, Grecia es un país insolvente para hacerse cargo de las enormes amortizaciones que tiene pendiente a pesar de los tremendos ajustes presupuestales que ya ha hecho desde que explotó su crisis.
Mientras algunos expertos ya han empezado a hablar abiertamente de una reestructuración de la deuda griega, que incluye la “quita” (haircut) del 30% de su valor de mercado, tratando de que sea lo más ordenada posible, otras voces más radicales, vienen exigiendo que lo que necesita Grecia y otros países europeos, es la realización de una auditoría integral del crédito público que pueda suponer el no pago de una gran parte de las amortizaciones e intereses, si se demuestra ilegitimidad o ilegalidad al concertar, negociar o incluso renegociar la deuda en los últimos años, supuestos que normalmente están a la base de los negocios financieros.
Sin embargo, impulsar cualquiera de estos dos procesos, no está para nada en la mente de los dirigentes europeos más influyentes, para quienes una reestructuración de la deuda de los países más débiles de la zona euro no es ni siquiera discutible. Ni que decir de mecanismos más audaces como el de la auditoría y su posterior proceso de moratoria.
Es el caso del presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean Claude Trichet, que el mes pasado, ante el Parlamento Europeo señaló que aplicar condonaciones parciales (quitas) de las deudas de Grecia, Irlanda o Portugal tendría efectos contraproducentes en las inversiones de largo plazo. Para Trichet el único camino posible es el de los programas de saneamiento financiero planteado por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Claro que en un análisis de este tipo no se incluye la variable pueblo, que en buena cuenta es el que sufre con las reprogramaciones de deuda y sus respectivos ajustes presupuestales.
Europa de malas
Por más que tanto Berlín como París sigan empujando a toda Europa a adoptar drásticas medidas para salir de la crisis de deuda, no existe consenso del todo para aplicar a raja tabla los planes de mayor austeridad que se preparan en el marco del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y los mecanismos que le sucedan en los próximos años.
Es que la situación que se vive en muchos países europeos es alarmante y por eso el próximo Consejo Europeo, a realizarse el 24 y 25 de marzo en Bruselas, será crucial pues ahí se definirá el “plan de competitividad” propuesto por la canciller alemana, Ángela Merkel y el presidente francés, Nicolás Sarkozy, que incluye drásticas medidas laborales, fiscales y financieras para los países del euro que quieran acceder a fondos de rescate, tal como da cuenta el último informe semanal editado por Estudios de Política Exterior.
Según este informe, un desencuentro en esta cita podría reavivar una crisis en la zona del euro, especialmente si se toma en cuenta que el repunte de la inflación y la incertidumbre provocada por las revueltas en el norte de África (que ya está impactando en el precio del crudo) necesariamente llevarían a activar la política monetaria no solo de Europa, sino de Estados Unidos, haciendo que las tasas de interés empiecen a subir luego de estar por mucho tiempo cercanas a cero.
Una coyuntura de ese tipo, en medio de una recuperación económica incierta o lenta con poco margen de movimiento del lado de la política fiscal tanto para los países de la zona euro como para el propio Estados Unidos, significaría un grave riesgo para sus economías.
Cumbre
Lo cierto es que los líderes de Europa que se van a reunir la semana que viene para seguir discutiendo sobre el paquete de medidas que ayude a resolver la crisis de deuda que enfrentan (antes de suscribir un acuerdo final en Bruselas el 24 y 25 de marzo), no la tienen nada fácil, tal como lo ha señalado la revista “The Economist”, pues un resultado decepcionante reviviría las dudas de los mercados sobre la sostenibilidad fiscal de los países más pequeños de la Unión Europea.
La revista inglesa llama la atención sobre que el interés de los bonos a 10 de años de Grecia e Irlanda sigue muy alto, pese a que ambos países fueron rescatados el año pasado. Lo mismo pasa con la rentabilidad de la deuda portuguesa, que todo hace pensar que será el próximo país en necesitar ayuda externa. Y por su lado, el nivel de la deuda española todavía alarma a los mercados, a pesar del pacto social firmado a comienzos de febrero que incluye reformas y recortes para sanear las finanzas y cumplir con los compromisos de pago.
Así las cosas, nadie sabe a ciencia cierta que puede pasar en el viejo continente, si bien fracasa el acuerdo para zanjar con la crisis, o si bien, fracasa su aplicación que requiere como sabemos de un gran esfuerzo fiscal.
¡Auditoría ya!
En medio de este desorden, se ha producido un llamado mundial para revisar la deuda griega y así evitar que solo la población pague los platos rotos. Según esta iniciativa, una comisión pública ayudaría a poner al pueblo griego a cargo de la economía.
De esta manera, doscientas personalidades, entre griegas e internacionales, han firmado hace pocos días un llamado a auditar las deudas de ese país. Economistas, académicos, autoridades, parlamentarios europeos y activistas de diversas partes del mundo están demandando el establecimiento de una comisión pública que examine los lazos entre la deuda y la crisis que se vive en Grecia.
Noam Chomsky (gurú de la alterglobalización), Alberto Acosta (ex presidente de la Asamblea Constituyente del Ecuador), Mercedes Canese (actual viceministra de Minas de Paraguay), Eric Toussaint (líder del Comité de Anulación de la Deuda del tercer Mundo), entre otros, son los que lideran este llamado, que sin duda traerá alguna reacción por parte del gobierno griego y las autoridades europeas.
La idea central es tener elementos para que Grecia negocie de mejor manera la transición de su crisis y pueda al mismo tiempo deshacerse de las deudas ilegítimas o ilegales que solo han servido para el enriquecimiento de algunos banqueros y funcionarios corruptos.
Las organizaciones sociales griegas han abrazado esta iniciativa y no sorprenderá que las próximas movilizaciones tengan como bandera central la auditoría de la deuda.
Sea como sea, quedan aún muchos capítulos más por vivir tanto de la crisis europea como de la tragedia griega. Pero una auditoría en Grecia, que ya no aguanta más con sus finanzas públicas, sería un precedente muy importante en una coyuntura como la actual, y sin duda un golpe al poder financiero.













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