G-8, sin novedades

15 de julio de 2009 por Esther Vivas , Josep Maria Antentas


La reciente cumbre del G-8 en L’Aquila ha deparado pocas novedades. Aunque
la magnitud del desastre causado por sus políticas no es posible ya de
esconder, los amos del mundo siguen con su guión invariable en la gestión de
la crisis global. Declaraciones grandilocuentes, medidas de cara a la
galería vacías de contenido y profundización del actual modelo económico han
marcado, otra vez, la cumbre de los grandes.

La cita de L’Aquila significaba el retorno del G-8 a Italia, después de la
cumbre del Génova de 2001 que será recordada sobre todo por la fortaleza de
las movilizaciones altermundialistas y su feroz represión por parte de un
poder establecido desconcertado por el renacimiento de la contestación
social al orden establecido que acompañó al cambio de milenio. A diferencia
de entonces, la cita de L’Aquila se presentaba algo devaluada, pues hoy,
fruto de las nuevas configuraciones económicas y geopolíticas, el G-8 ha
perdido protagonismo en los intentos de gestión de la crisis sistémica
global por parte de los principales estados. La ampliación de la cumbre a
algunos países emergentes Países emergentes Los países emergentes designan la veintena de paísesen desarrollo teniendo acceso a los mercados financieros y las propuestas de formalizar un G-13, un G-14 o
un G-43, y la relevancia adquirida el último año por el G-20, muestran la
incapacidad por parte de Estados Unidos y el resto de integrantes del G-8 de
manejar solos la situación.

A pesar de la maniobra demagógica de Bersluconi de buscar un G-8 con “rostro
humano” trasladando la cumbre a L’Aquila, ciudad devastada por el terremoto
de hace tres meses y víctima de un rapaz plan de reconstrucción basado en la
especulación Especulación Actividad consistente en buscar ganancias bajo la forma de plusvalía apostando por el valor futuro de los bienes y activos financieros o monetarios. La especulación genera un divorcio entre la esfera financiera y la esfera productiva. Los mercados de cambios constituyen el principal lugar de especulación. , los acuerdos de la cumbre transitan de nuevo por la senda
neoliberal.

Los 20.000 millones de dólares en tres años anunciados para hacer frente a
la crisis alimentaria suponen más un anuncio efectista que una medida seria.
Ni el dinero es suficiente para atajar el problema, ni el G-8 cuestiona el
modelo económico que ha comportado el estallido de la crisis. Peor aún, se
intenta dar un nuevo espaldarazo a la liberalización económica fijando la
voluntad de concluir la ronda de Doha en 2010. Gas a fondo en dirección
contraria. Más libre comercio equivale a más hambre.

De L’Aquila sale un enésimo compromiso del G-8 ante la pobreza y el hambre
de millones de personas, en particular en África, reafirmando los Objetivos
del Milenio. Todo un clásico en el repertorio de medidas de las cumbres
internacionales. Pero, después de años de promesas vacías y del bluff de los
acuerdos de Gleneagles en 2005, la credibilidad de los amos del mundo en
este terreno es francamente escasa. Así lo denunciaron, a miles de
kilómetros de distancia, en Malí, un millar de activistas africanos reunidos
en el Foro de los Pueblos, recordando además que el G-8 no tiene ningún
mandato de nadie para elaborar políticas para y en nombre de África.

Acerca del cambio climático tampoco hay novedades en la buena dirección.
Como ha señalado Amigos de la Tierra: “El enfoque del G-8 a la crisis
climática continúa siendo limitado y restringido al ámbito de mecanismos de
mercado y la primacía del sector privado. Este enfoque ya ha probado ser un
fracaso. Favorece solamente a las corporaciones para acumular más ganancias,
no paga por la reparación de daños al medio ambiente y a las comunidades
generados hasta ahora y evita transformar sus negocios”.

La cumbre del G-8 ha llegado casi un año después del estallido de la gran
crisis de 2008 que ha puesto al descubierto de forma brutal la verdadera
naturaleza del actual sistema económico. El malestar social ante el mismo no
ha hecho más que aumentar. Por ello, el eco potencial de los planteamientos
rupturistas y anticapitalistas de los miles de manifestantes que han
participado estos días en las protestas en Italia contra la cumbre es hoy
mucho más amplio que antes.

Sin embargo, la resistencia social frente al impacto de la crisis y a los
intentos de que esta la paguen los sectores populares es todavía débil. Como
nos recuerda el economista filipino Walden Bello, “las ideas no bastan, y lo
que será decisivo es el modo de traducir nuestras ideas, nuestros valores y
nuestra visión a una estrategia y a unas tácticas con vocación ganadora que
puedan triunfar democráticamente”.

En los últimos meses ha habido en varios países, entre ellos el nuestro,
algunas luchas significativas, pero limitadas y aisladas entre sí. En esta
primera fase de la crisis existen dificultades obvias para traducir el
malestar en movilización, y el grueso de las resistencias concretas –en
particular en los centros de trabajo– tiene una lógica muy defensiva. A
falta de una reacción social fuerte, también los planteamientos populistas y
reaccionarios se abren paso ante los desastres del
neoliberalismo, como se pudo comprobar, por ejemplo, en las pasadas
elecciones europeas.

El contraste entre la pérdida de legitimidad del capitalismo neoliberal y de
sus instituciones y la debilidad de los movimientos populares para imponer
un cambio de políticas es enorme. Para cerrar esta brecha es necesario
seguir organizando, desde abajo y día a día, la resistencia social, con
criterios unitarios y combativos y buscando enlazar las distintas luchas y
problemáticas. Se trata de transformar el malestar individual en acción Acción Título mobiliario emitido por una sociedad de acciones. Este título representa una fracción del capital social. En particular otorga a su titular (el accionista) el derecho a percibir una parte de los beneficios distribuidos (el dividendo) y de participar en las asambleas generales de la empresa.
colectiva e ir trabajando para, como señala el sociólogo Luc Boltanski,
“socializar la rebeldía y socializar la idea de que la realidad es
inaceptable”.




Josep Maria Antentas es Profesor de Sociología de la Universidad Autónoma
de Barcelona y Esther Vivas es miembro del Centro de Estudios sobre
Movimientos Sociales - Universidad Pompeu Fabra. Ambos són militantes de
Izquierda Anticapitalista.
Artículo aparecido en Público, 14/07/09.

Esther Vivas

Periodista i investigadora en moviments socials i polítiques agrícoles i alimentàries.
És llicenciada en periodisme i màster en sociologia. Les seves principals línies de treball són l’anàlisi dels moviments socials alternatius (antiglobalització, fòrums socials, indignats) i els impactes del model agrícola i alimentari i les alternatives que es plantegen des de la sobirania alimentària i el consum crític.
És autora de diversos llibres sobre aquestes temàtiques, alguns dels quals han estat traduïts al francès, portuguès, italià, croat i alemany.Cambiarlo para comprenderlo. Autora de diversos libros sobre movimientos sociales y políticas agrícolas y alimentarias. Su último trabajo es ‘Planeta indignado. Ocupando el futuro’ (Sequitur 2012), escrito junto a Josep Maria Antentas. En todas partes cuecen habas y aquí más.
@esthervivas | facebook.com/esthervivas | www.esthervivas.com

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