Alerta climática

10 de marzo por Jérôme Duval


Los últimos cinco años, de 2015 a 2019, han sido los más calurosos de los que se tiene constancia, con un aumento del mercurio de entre 1,1 y 1,2°C por encima de las temperaturas preindustriales. Con esto concluye la década más cálida registrada en el planeta.

Incluso antes de finales del año pasado, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) lo advirtió: “El año 2019 marca el final de una década de calor excepcional, de retroceso de los hielos y de un aumento récord del nivel del mar en todo el mundo debido a los gases de efecto invernadero producidos por el hombre”. A principios de enero, la red National Centers for Environmental Prediction (NCEP) y la institución National Center for Atmospheric Research (NCAR) confirmaron la tendencia y declararon oficialmente el 2019 como el segundo año más cálido registrado después del 2016, marcado por uno de los mayores eventos jamás observados, el Niño. Los últimos cinco años, de 2015 a 2019, han sido los más calurosos de los que se tiene constancia, con un aumento del mercurio de entre 1,1 y 1,2°C por encima de las temperaturas preindustriales. Con esto concluye la década más cálida registrada en el planeta.

Pero, para completar el panorama, y no limitarse a la superficie, el artículo publicado en enero de 2020 en Advances in Atmospheric Sciences muestra que el océano también se está calentando en las profundidades. Las temperaturas de los océanos entre 0 y 2000 metros saltó en 2019 para alcanzar un nivel sin precedentes desde que se iniciaron las mediciones, con un fuerte aumento en comparación con 2018, que ya es un año récord. En el océano también, los últimos diez años son los diez más cálidos que se han registrado.

En la última década, ha habido un incremento del 64% en el transporte aéreo; la deforestación ha aumentado en más del 50% y el consumo de carne ha subido en más del 11%

¿Razones? Un sistema capitalista agotado que insiste en presionar el acelerador productivista a toda costa con la esperanza de renovar el crecimiento, a pesar de la duplicación de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) desde 1980, lo que lleva a un aumento de las temperaturas medias mundiales de al menos 0,7°C. En la última década, ha habido un incremento del 64% en el transporte aéreo; la deforestación ha aumentado en más del 50% y el consumo de carne ha subido en más del 11%. Según el informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la producción de carne genera por sí sola casi el 15% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero, incluso más que el sector del transporte en todo el mundo. La deforestación causada por la ganadería contribuye al cambio climático, liberando a la atmósfera unos 340 millones de toneladas de carbono cada año. Conduce a nuevas tierras de pastoreo que ocupan el 80% de las áreas deforestadas en el Amazonas, o a grandes explotaciones industriales de monocultivo Monocultivo Cultivo de un solo producto. Numerosos países del Sur han sido llevados a la especialización en un producto destinado a la exportación (algodón, café, cacao, cacahuete, tabaco, etc.) a fin de conseguir las divisas exigidas para la amortización de la deuda. para la exportación para el consumo animal.

Casi el 40% del grano producido y cosechado en el mundo se utiliza para alimentar al ganado, una cantidad de alrededor de 800 millones de toneladas, suficientes para alimentar a tres 3.500 millones de personas. Entre ellas, la soja, cuya producción mundial -principalmente en Brasil y Argentina, donde está modificada genéticamente en más de un 95% y depende de los pesticidas- se ha duplicado con creces en los últimos 20 años. La gran mayoría de la soja se destina a las granjas industriales para satisfacer el consumo excesivo de carne, huevos y productos lácteos, y luego se exporta a la Unión Europea, el segundo mayor importador del mundo después de China, con casi 33 millones de toneladas importadas cada año. Esto es, en parte, el cóctel explosivo de un sistema de producción y consumo de energía intensivo y destructivo para el medio ambiente que acelera el cambio climático.

La inercia política pone en peligro nuestro ecosistema

Frente a la inmovilidad de la acción Acción Título mobiliario emitido por una sociedad de acciones. Este título representa una fracción del capital social. En particular otorga a su titular (el accionista) el derecho a percibir una parte de los beneficios distribuidos (el dividendo) y de participar en las asambleas generales de la empresa. política, ¿cuáles son las consecuencias? Los glaciares y los polos se están derritiendo y esto está creando una seria amenaza para cientos de millones de personas que viven en zonas costeras bajas. La Antártida ha perdido casi 3.000 millones de toneladas de hielo desde la Cumbre de la Tierra de Río en 1992 y el ritmo se está acelerando. En los últimos cinco años, el hielo se ha estado derritiendo a un ritmo de casi 219.000 millones de toneladas por año, casi tres veces mayor que como lo hacia con anterioridad. No es mucho mejor para la segunda isla más grande del mundo después de Australia y la segunda masa de hielo más grande de la Tierra después de la Antártida, Groenlandia. Los investigadores del grupo IMBIE (The ice sheet mass balance Balance “Fotografía” a final de año de los activos (lo que la empresa posee) y pasivos (lo que la empresa debe) de una sociedad. Dicho de otra forma, los activos el balance aportan información acerca de la utilización de los fondos recabados por la sociedad. Los pasivos del balance informan sobre el origen de los fondos captados. inter-comparison exercise) estimaron en un estudio publicado en diciembre que, desde 1992, el país ha perdido casi 3,8 billones de toneladas de hielo. Esta pérdida se está acelerando más rápido de lo que predijo el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, Intergovernmental Panel on Climate Change) y “podría exponer a 100 millones de personas en todo el mundo a inundaciones anuales para finales de siglo”, dice Andrew Shepherd, el autor principal del estudio.

Según el informe Arctic Report Card 2019 encargado por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA), el Ártico está experimentando cambios “dramáticos” y “sin precedentes”, vinculados al continuo calentamiento y derretimiento de la capa de hielo, que alcanzó niveles récord en 2019. El derretimiento de la capa de hielo debido al calentamiento reduce drásticamente la capacidad de la cubierta de hielo blanco reflectante para reflejar la radiación solar. La cubierta de hielo ayuda a contener el aumento de las temperaturas alrededor del Polo Norte y regula el clima para el resto del mundo, una especie de aire acondicionado natural gigante para el planeta, se podría decir. A medida que el hielo se derrite, la cubierta blanca altamente reflectante del hielo da paso al océano o a la vegetación, que absorbe una mayor cantidad de los rayos del sol. Esto hace que la temperatura del aire y del agua aumente, lo que a su vez derrite más hielo y contribuye al calentamiento global.

En agosto, un estudio titulado Below The Canopy, realizado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y la Sociedad Zoológica de Londres (ZSL), encontró que la población animal en los bosques del mundo ha disminuido en casi un 53% desde 1970. Esto se debe en gran medida a la destrucción de espacios vitales por el hombre, como el 20% de la selva amazónica ya despejada. Según algunos investigadores citados en el informe, estamos cerca de una transformación irreversible de la Amazonía en su conjunto, con un punto de inflexión de entre el 20 y el 25% de deforestación, que vería a la parte sur y este de la selva secarse y convertirse en sabana. En otro informe, Planeta Vivo 2018, las mismas organizaciones nos dicen que entre 1970 y 2014, las poblaciones de vertebrados -peces, aves, mamíferos, anfibios y reptiles, es decir, 16.704 poblaciones que representan 4.005 especies monitoreadas en todo el mundo- se redujeron en un 60% a nivel mundial, es decir, una disminución promedio de más de la mitad de ellos en menos de cincuenta años. En efecto, estamos enfrentando una aceleración sin precedentes de la presión ejercida por la actividad humana sobre los ecosistemas.

La desaparición de la vida está acechando las mentes de las nuevas generaciones en rebelión contra la inercia de los responsables políticos, las mismas personas que tienen su parte de responsabilidad en el actual ecocidio. Pero no perdonemos el contexto sistémico de la producción capitalista, en esencia destructivo para los seres humanos y su biosfera, que proporciona un ambiente propicio para el crimen ambiental para un crecimiento económico cada vez mayor. Y cuando estos crímenes son denunciados con asiduidad y vehemencia, el sistema recurre al asesinato para silenciar el escándalo. Entre 2002 y 2013 han sido asesinados al menos 1.000 activistas medioambientales y periodistas. ¿Para cuándo un tribunal popular para una justicia climática eficiente?


Ver en línea : El Salto


Jérôme Duval

es miembro del CADTM, Comité para la abolición de las deudas ilegítimas (www.cadtm.org) y de la PACD, la Plataforma de Auditoría Ciudadana de la Deuda en el Estado español (http://auditoriaciudadana.net/). Es autor junto con Fátima Martín del libro Construcción europea al servicio de los mercados financieros, Icaria editorial 2016 y es también coautor del libro La Deuda o la vida, (Icaria, 2011), libro colectivo coordinado por Damien Millet y Eric Toussaint, que ha recibido el Premio al libro político en Lieja, Bélgica, en 2011.

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